Alborea, graznan las gaviotas
con sus estruendosos quejidos;
pronto rayará el alba
delineando el horizonte y serán
traslúcidos los secretos de la noche.
La mar impregna de salinidad el ambiente,
ahora que duerme la dama de noche
y aún no ha despertado el jazmín,
el cielo es espejo del agua
y viceversa, como retrovisor
que habla de bonanza, de paz,
de quietud y buen temple.
En la playa, cuando aún prevalece
una densa distorsión óptica,
un tractor arenero peina las arenas
y limpia de impurezas y de olvidos;
también de lascivas miradas
y de tostados excesivos e imprudentes,
como si con el día se implantara
una nueva luz que todo lo hace radiante.

Cuando el alba aún no se ha contaminado, un abrazo Francisco!
ResponderEliminarExactamente, antes de despuntar.
EliminarUn abrazo.