El deseo, ansiosa resaca
que nunca se sacia,
gula extrema que devora
sin regular el digestivo,
tan solo como instinto
que se obedece a sí mismo.
Un ímpetu que abre caminos,
que no se agota ni se complace.
Experto iniciático, incinerador
de todos los cortejos interrumpidos
que abandona por una nueva flor.
Le falta descubrir el amor
y su significado último: fidelidad,
y uncirse al paso como sometimiento
rotundamente liberador.

No te abandona aunque si lo hagan tus fuerzas o tu ímpetu.
ResponderEliminarUn abrazo.
El ímpetu creo que ha cogido vacaciones, Cayetano; ahora todo es más parsimonioso.
EliminarUn abrazo.
El amor es liberador, un abrazo Francisco!
ResponderEliminarPor supuesto que si, María Cristina.
EliminarUn abrazo.
El deseo es puro "ego" ismo y nunca se sacia, porque nada le convence y le llena...Buen poema, Francisco.
ResponderEliminarMi abrazo entrañable y agradecido.
El deseo tiene un vacío en el alma, querida María Jesús.
EliminarGracias, mil gracias.