La felicidad, un estado de gracias
que tiene más que ver con las sensaciones
que con el inventario;
sin dudas es sabor en los labios
y en los alabeos del corazón,
es sonrisa que se contagia y comunica,
que se expande por todo el cuerpo
y este lo filtra
por cualquiera de los sentidos,
por algunos o por todos a la vez.
Es satisfacción colmada
y es también generosa dádiva,
es donación y es donaire,
gentileza y estado de plenitud,
no por ello de abundancia,
sino de perfil colmatado.
Es aquello que abarrota las expectativas,
lo que sobrenada por la superficie
de lo recóndito y de lo mínimo,
de lo suficiente;
es la robustez de lo pequeño
y es múltiplo de los imprescindibles;
pero ante todo,
es silo que no se vacía
ni en lustros de aciagos males;
porque siempre, siempre, siempre,
podría haber sido mucho peor:
balance con el que mostrarse satisfecho.

Breves momentos de nuestra existencia.
ResponderEliminarBreves pero intensos, Cayetano.
EliminarUn abrazo.
Saber valorar lo que vivimos, un abrazo Francisco!
ResponderEliminarEso es primordial para saborear la vida, María Cristina.
EliminarUn abrazo.