La felicidad, un estado de gracias
que tiene más que ver con las sensaciones
que con el inventario;
sin dudas es sabor en los labios
y en los alabeos del corazón,
es sonrisa que se contagia y comunica,
que se expande por todo el cuerpo
y este lo filtra
por cualquiera de los sentidos,
por algunos o por todos a la vez.
Es satisfacción colmada
y es también generosa dádiva,
es donación y es donaire,
gentileza y estado de plenitud,
no por ello de abundancia,
sino de perfil colmatado.
Es aquello que abarrota las expectativas,
lo que sobrenada por la superficie
de lo recóndito y de lo mínimo,
de lo suficiente;
es la robustez de lo pequeño
y es múltiplo de los imprescindibles;
pero ante todo,
es silo que no se vacía
ni en lustros de aciagos males;
porque siempre, siempre, siempre,
podría haber sido mucho peor:
balance con el que mostrarse satisfecho.

Breves momentos de nuestra existencia.
ResponderEliminarBreves pero intensos, Cayetano.
EliminarUn abrazo.