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18 noviembre 2015

TIEMPO HERIDO



Del seno de las tinieblas brille la luz. 
(2Co 4, 6)

En la alegre fuente resuena una sonata
y en el papel de plata del trastero
duerme apacible un riachuelo sereno
que en breve será sonrisa y sonajero,
pañales de bebé, borbotones de júbilo
y de esperanza para este tiempo herido.

La vida se precipita por el acantilado del otoño
entre lavas volcánicas y filos aceros fieros,
que no doblegan su hoja a la lógica
y nos despiertan del letargo con sobresaltos,
donde la sinrazón es, a la sazón, el desafuero
y los alfanjes bisturíes de violencia extrema.

Inermes, indefensos, huérfanos patrios,
sólo nos queda la oración y ya está el rosario
desgastado de pasos misteriosos e incesantes.
Que mis labios proclamen sin cesar: “amanece la luz
para el justo, y la alegría para los rectos de corazón”.

Hoy somos rama doliente de pinsapo; no podemos
con el peso del espumillón ni lo artificioso de la fiesta,
por la herida de esta violencia que no sabemos
si llegará a sangrar y si en tal caso tendrá sutura.

Quiero plantar en la sombra de mi tienda
la alborada, cerrar los oídos al flácido viento
y tañer salmodias que recompongan el descosido
de estas alas de plomo que me lastran:
que tu misericordia, Señor, venga
sobre nosotros, como lo esperamos de ti.

15 noviembre 2015

EL VALOR DE CADA VIDA



Dios no hace acepción de personas, sino que en cualquier
nación el que practica la justicia le es grato.
(Hch 10, 35)

Tal vez la cercanía nos conmueva
sin medir el valor de cada vida;
la sensatez a todos nos convida
a sufrir cada muerte como nueva.

Si en París una muerte es indecente,
¿qué difiere de una matanza iraquí?;
¿acaso no es muerte la de un iraní,
palestino, o yemení mismamente?

No hay muertos de segunda o de primera,
igual vale la vida de un sudanés,
de un congoleño o de un nigeriano.

Si matar es segar la primavera,
igual pesa un afgano que un francés,
un israelí, un sirio o un liberiano.

13 noviembre 2015

NO PIDO AL CIELO



Si no cambiáis y os hacéis como niños,
no entraréis en el Reino de los Cielos.
(Mt 18, 3)

No pido al cielo los años infantiles,
─ya sé que no es posible la regresión─
lo que busco es la dulce inocencia
de una mirada limpia, transparente
como una sonrisa en cascada,
como traviesa catarata que se agita
en sí misma, virginal y contagiosa.

No pido al cielo aquellos días activos
de ocioso poder físico incombustible
corriendo detrás de una pelota,
con la misma verdad de que la vida
son las piruetas y arabescos que describe
el vuelo de una mariposa moteada,
y el entusiasmo que desconoce la fatiga.

No pido al cielo la etapa preguntona
que tras gatear y los primeros balbuceos
tratan de llenar la página en blanco,
trepando por la crédula generosidad
que con los años endurecen el corazón,
sino seguir de por vida sensible a los halagos
y a los sedientos deseos de gozar.

Le pido al cielo,
─si acaso me lo quiere conceder─
recuperar la fe y la esperanza perdidas
en los meandro del largo curso de la vida,
para despojarme del hombre viejo
que me ocupa, me hace maliciar y me habita,
para recuperar la lozanía de la inocencia
de la que nunca el hombre debiera desabrocharse.

08 noviembre 2015

LA LUZ



“Su resplandor era como el de una piedra muy preciosa,
como jaspe cristalino.” 
(Ap 21, 11)

No es la luz;
ciertamente, ella no es la luz,
pero es virtuosismo de la luz,
es magia, es hechizo,
es éxtasis su mirada iluminada.

Posiblemente no sepa
que todas las personas somos
criaturas de un mismo origen,
de un germen único
que se llama Amor
y no entiende de etnias, colores o razas.

Su piel es de chocolate con leche,
sus guedejas ensortijadas
como cascada de agua pura
que canturrea la mañana
con la jovialidad de la brisa;
su cara un óvalo perfecto
con un mismo principio y fin
que se enrosca en los basamentos
que dibujan lo exacto.

Su boca es silencio a punto de quebrarse,
una jaculatoria inmaculada
de bendición sin proferir;
sus ojos, dos azabaches
sobre el piélago despejado
de su horizonte confiado;
en el labio superior, una mácula
pequeñísima, un acento diacrítico,
un jaspe desgajado de la perfección.

Su resplandor es de piedra preciosa,
como un jaspe cristalino.

05 noviembre 2015

ACIAGA MELANCOLÍA



Un cielo pardo perfila
aciaga melancolía;
amarillos de ictericias,
pajizos muy demacrados,
ocres que se han derramado
y que alfombran las pisadas;
música semi apagada
que ayer follaje bullía,
donde los pasos se mullen
en crujiente melodía.
Rojizo clamor cárdeno,
muertes en tintes llorada,
cálido calidoscopio
que desfallece armonioso
derramada en la colada
como la bruma en la brisa,
como el adiós de la amada
lágrima que aparta risa.
Un cielo pardo perfila
aciaga melancolía…

02 noviembre 2015

HOLYWINS



No es un Dios de muertos, sino de vivos.
(Mc 12, 27)

Tiempo extraño, tiempo estrambótico,
tiempo de rememorar a los ancestros,
a aquellos que nos antecedieron
por los tortuosos caminos de la vida;
de limpiar las tumbas, ponerles flores
y pulimentar los buenos recuerdos
que nos siguen acunando en los desasosiegos.

Una corriente fría del mar del Norte,
tras repostar en la vacua sociedad
donde las tradiciones son de anteayer,
nos infecta con iconografía de muertos
vivientes en la dormición de la esperanza;
detrás, todo un marketing verbenero
de descalabros y sangre que salpica.

Hemos obviado la promesa de eternidad
por la moneda falsa y burlona de la muerte;
hemos trocado el respeto al camposanto
por una puesta en escena deshilachada,
donde los cánticos son un apoteosis final
mientras en el subconsciente una voz susurra:
“no es un Dios de muertos, sino de vivos”.

30 octubre 2015

DEL MAR A LA ORILLA



“Quien a vosotros recibe, a mí me recibe.
(Mt 10, 40)

Tiende tu mano; echa el copo de tu garra,
fájate en la orilla sin hacer prejuicios
y dando lo mejor que sale de ti mismo.
Observa, examina los gestos de espanto,
contempla cómo esa masa de miedo
sabe distinguir el Amor de la guerra.

Vienen del otro lado de la vida,
del filo de la navaja y la espoleta,
de unos intereses oscuros, sembrados;
de allá donde las casas saltan por los aires
y voltean miembros humanos
con la onda expansiva esparciendo muerte.

No. No tienen enemigos. Son ellos;
son ellos mismos que han sido inoculados
con la división en la que encaramarse
en el odio por intereses de terceros.

Eran parientes; vivían en paz,
─entendiendo por tal, equilibrio inestable─
pero es muy osado un asentamiento
sobre un manantial de oro negro
que provoca babeo en las fauces de los lobos.

Son más morenos, más cetrinos,
pero sus ojos claman compasión
y como todas las aves heridas
buscan el consuelo del bálsamo:
arráncales las espinas de la piel y cobíjalos.
Hazlo por ti mismo, para que la muerte
sea absorbida en la victoria:
“fraternidad, antídoto ante la indiferencia”.