Lo que titubean las palabras,
aquello que se resiste
a ser pronunciado
con más o menos solemnidad,
y con toda fijeza;
eso que compromete,
es lo que certifica la mirada
con rotundo silencio
y sin necesidad de carraspeos.
Los gestos tienen su propio lenguaje,
y son tan importantes…
Los juramentos pueden
y deben ser solemnes,
pero el silencio afirmativo y rotundo,
o negativo, de una mirada
es la rúbrica donde no cabe engaño.
Dicen que los ojos no mienten, pero qué harían los actores y actrices? Un abrazo Francisco!
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