“Mañana;
tal vez mañana”.
Mañana será el día
o seguiré esperándote
como el viernes
o como el martes pasado
o el jueves, ¡qué más da!
Un día se acabarán las hojas
de nuestro calendario
incinerados de impaciencia,
pero seguiremos instalados en la espera
en esa tregua indecisa
e indefinida que nunca llega
y amenaza con desesperanza rota.
Mañana;
un nuevo plazo,
mientras mis pasos se placean
y gastan suela agónica
dando vueltas a la noria
de tus caprichos,
para que finalmente me repitas:
“mañana;
Tal vez mañana”;
mientras sangran las griegas
de mis labios resecos
por un ahora sin más esperas.





