Bella y grandilocuente.
La letra impresa es
inmaculada
y aporta brochazos de
color y esperanza
cuando viene en defensa de
los indefensos.
Solemnidad de un triple
decálogo
protegiendo al hombre del
hombre,
a todos los hombres de
algunos hombres:
Nacen libres e iguales en
dignidad y derechos,
pero unos son más
desiguales que otros
y hasta en los mellizos se
confirma este hecho.
Sin distinción de raza y
color,
a condición de que no
salgan
de los suburbios y sean
dóciles,
como lo fueron sus
ancestros.
Todos iguales ante la ley,
pero en el papel impreso
y no en los vericuetos
que
el vivir comporta.
Como existe la presunción
de inocencia,
también la de
culpabilidad,
porque algunos son de su
padre y de su madre.
Libre circulación para
desarrollar
los trabajos que el nativo
desprecia,
y así proteger, amparar e
incrementar
el derecho a la propiedad
de terceros.
Libertad de pensamiento y
conciencia,
sin necesidad de
manifestarlo
como secretillos de adolescentes.
Y así hasta treinta,
en la voluptuosidad de la
letra impresa,
hasta explicitar, negro
sobre blanco
que de buenas voluntades
y actos de libertad de
conciencia
están repletos los
paraísos fiscales
y también las cloacas de
lo inconfesable.