A María del Pilar Ferrari
Son muchos los achares,
infinitos los requiebros,
pero el río a la lo suyo
y surca sigiloso la ciudad
sin
urgencia y con constancia.
Pasa por Gelves sin
detenerse;
en La Puebla, otea y
encuentra:
extiende la mirada por los
arrozales
y la descubre impoluta
caminando en paralelo a su
rumbo.
Es ella, ─se dice─
sonríe plácidamente,
como quien encuentra una
perla
y sigue su camino
hacia el abrazo salino.





