Me uno a las felicitaciones que
ha recibido nuestro Presidente del Gobierno por la exitosa visita realizada a
la Casa Blanca, esa especie de reválida que ejerce no sé bien con qué derecho
los Estados Unidos sobre el resto del mundo. Resulta que lo que yo no apreciaba
y muchos discutían, son pasos serios y adecuados, según el Fondo Monetario
Internacional y el mismo Obama, para enderezar el rumbo de nuestra economía.
Como colofón de este maratoniano
viaje de dos días, con degustación de hamburguesas incluidas, podíamos resumir
diciendo que todo va bien, salvo el paro.
Precisamente es el paro el caballo de batalla que planteó Mariano Rajoy para
ganar las elecciones y de momento todo lo logrado ha sido aumentarlo y no
rebajarlo como había prometido. Tal vez al final de la legislatura, con suerte,
volvamos a tener el mismo número de parados que cuando terminó la legislatura
anterior; pero eso sí, con las personas más empobrecidas.
Los economistas parece que no ven
la realidad de la calle y yo parece que tampoco aprecio la realidad de las
altas finanzas; lo que me temo es que ellos la soslayan y yo no estoy
capacitado para valorar lo que sucede en las altas esferas. Mi dedicación está
a pie de calle, con los últimos, precisamente ahí donde cada día son más las
personas que, ya en la enorme bolsa del paro, van dejando de percibir las
ayudas sociales con las que iban sobreviviendo.
Las altas finanzas parecen que
han tocado fondo o yo no estoy en condiciones de discutirlo, pero la vida
precaria de las personas va en aumento porque se ha procedido a la disolución
del estado del bienestar, porque los recortes y las ayudas están acabando con
las posibilidades de supervivencias de las personas y porque los suministros
como el agua, la electricidad, etc. sube cada día como si caminara por un
camino divergente del de la sociedad que malvive y padece.
Desde el mirador de Cáritas, desde
el que observo la vida, cada día son más las familias que salen en busca de
ayuda, cada día más las necesidades de cada una de ellas, agotadas las
posibilidades sociales de supervivencia. Si es cierto que la macroeconomía va
enfocada hacia la bocana del buen puerto, la miseria de los últimos va a la
deriva, a la precariedad como objetivo.






