Aunque es largo el camino
y no pocos los obstáculos,
renaceré en ansias esta primavera
con el eterno propósito
de intentarlo de nuevo sin cansarme.
Aunque me ciegue el resplandor
de la luz que te habita,
y el camino se haga eterno
hasta poder darte alcance,
volveré a levantarme e intentarlo.
Aunque tan solo logre de tus labios
un triste y amargo silencio,
en lugar de vítores inequívocos
y decires o cánticos jubilosos,
insistiré sin desánimos hasta conseguirlo.
Aunque me duele este silencio
con el que me mortificas y aíslas,
me envolveré en un tupido velo
para no desistir en mi empeño
y alcanzar tu favor, si acaso lo logro.
Aunque ciertamente la tozudez
se pasea de tu acera a la mía,
por mi parte, seguiré apostando
por convencerte hasta apostillar
tu sí en la humedad de mis labios.

Aunque me suban el precio de la gasolina seguiré cogiendo el coche para hacer la compra. ( Un poco de prosaísmo no viene mal. Esto se estaba poniendo demasiado lírico).
ResponderEliminarUn poco de todo es necesario, Cayetano. También echarnos unas risas intercalando la meditación.
EliminarUn abrazo.
Unos versos maravillosos, que alaban la paciencia, una palabreja que no se prodiga en estos tiempos
ResponderEliminarPaciencia es lo que necesitamos para transitar por medio de tanta mentira a sabiendas, de tanto bulo. Trolas le llamábamos de pequeños.
EliminarUn abrazo.
Te lo he dicho muchas veces , pero una más no viene mal. Admiro tu capacidad de creación diaria. Un abrazo
ResponderEliminarLo que necesito que me digas, Chelo, es que vas a ser mi amiga para siempre.
EliminarUn fuerte abrazo.
El amor persistente! Un abrazo Francisco!
ResponderEliminarEs muy difícil vivir sin amor, María Cristina, para eso hemos nacido.
EliminarUn abrazo.