Asepsia, voces sutiles y extrañas,
un sol derramado que deslumbra
e invita al recogimiento inerte
bajo un sueño inducido.
Se ha corrido un tupido velo,
un esperanzador verde que se extiende
por la estepa inmaculada y brillante
que me invita a la inconsciencia.
Creo apreciar una jerga profesional,
un deshilachado ininteligible
que va tropezando con el sonido acolchado
por entre los eslabones perdidos.
Un desierto sin límites ante mí,
desconocidos tecnicismos con eco
me aíslan de mí mismo y del entorno.
No era inocente aquel picotazo.
No soy… no soy dueño de mí,
no alcanzo a quejarme, cuando siento
que estoy transitando del todo a la nada.

¡Uf! Vienes fuerte esta mañana. Esperemos que el tránsito sea al menos placentero.
ResponderEliminarSalud. Nunca mejor dicho.