Hoy medito, Señor, y te pregunto
si acaso tienes diseñada mi salida,
si en este desierto, amén de sed y hambre,
de oscuras y seductoras provocaciones,
tendré fortaleza para preservar la vida.
Sé que tengo que ponerme en camino,
pero a veces me confundo y hasta dudo
cual es la senda por la que conducirme,
sin trastocar mi vida en desatinos,
pues por la que circulo es solo un barranco
que me distancia y me aleja de mi sino.
Sé que eres el camino que conduce a la vida,
soy consciente de ello y me planto a la orilla,
quizás un arrebol me seduzca y me oriente
cuando deslumbras de destellos los fantasmas,
al tiempo que vas cerrando todas las heridas.
¿Cómo cambiar la polaridad de muerte en vida?
¿Con qué mano lidiar las ostentosas ofertas?
¿Cómo fiar en mí lo que me puede y domina?
¿Con qué pasos, Señor, desandar los caminos
de los viejos errores que hoy me esclavizan?
Aquí estoy, Señor, orillando el sendero,
uno más en la ingente multitud desarraigada,
cargando la mochila de mis desafecciones
y esperanzado, en tu mirada transformadora,
para que me concedas, Señor, preservar la vida.

Buenas preguntas. Ahora falta que te responda. Jejeje, es broma.
ResponderEliminarUn abrazo dominguero.
Quien se pregunta, Cayetano, en verdad necesita pocas respuestas, ya se ha cuestionado.
EliminarUn abrazo festivo.
Hola, Francisco.
ResponderEliminarBonito poema...
Vengo del blog de Chelo y no tengo tiempo para comentarte, pero volveré en otro momento.
un abrazo.