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07 julio 2012

MI PERTENENCIA



                                           A mi prima Liova Cristina

Ojén;
decir Ojén es rememorar al niño que fui
y correteó sus calles, y que 
—de algún modo—
no ha dejado nunca de habitarme,
sino que se ha encaramado
y acompasado  a los usos de la madurez
y se hará vecindad en la senectud.
En sus calles, los juegos;
en su escuela, los cánticos docentes
de tablas aritméticas y normas;
en la iglesia, todos los sacramentos;
en la plaza, los juegos y coqueteos de juventud;
en su atmósfera, en su luz, en su acento, en su aroma…
en las eras, en Los Chorros, en el Calvario,
en el río Almadán, en el Chorrón, en el Chifle,
en el Castillo, en Los Llanos, en las Cuevas…
en cualquier lugar,
los lazos invisibles anudados y trenzados
que me afianzan al territorio
y pronuncian con voz cálida mi pertenencia.

06 julio 2012

SOMNOLENCIA


Dicen que en los sueños es donde se materializan los deseos sin que las dificultades de espacio y tiempo pongan cortapisa alguna a la realidad que creemos vivir. Es en los sueños donde se salvan todos los imponderables, donde la ubicuidad tiene el campo abonado, donde los inconvenientes se soslayan como se desvanecen las nubes por el empuje del viento o la bruma con el sol de media mañana. Hacía calor, el ventilador producía demasiado ruido como para poder conciliar el sueño y finalmente me dormí empapado en sudor.


Tiraba con fuerzas del cabo; los pies descalzos y los pantalones arremangados hasta las rodillas. La playa estaba desierta y halaba en dirección al agua, mientras la barca se deslizaba con pesadez por entre los varales untados de cebo. Cuando la popa sobrepasó los primeros rompientes, salté por estribor a bordo al tiempo que Manuel accionaba el arranque manual de su Mercury de 2,5 cv. El rugido acabó con el silencio del amanecer y el olor a gasolina quemada disfrazó de artificio la marisma yodada y plácida. Las olas se apresuraron a borrar nuestras huellas y pusimos rumbo hacia Ancón, como a unas dos millas y media de la costa. Según nos distanciábamos del litoral, se iban empequeñeciendo los edificios  y desaparecían las pequeñas construcciones. El campanario de la iglesia de la Encarnación se hizo más relevante desde el agua y comenzamos a sacar los aparejos. El cubo de cebo desprendía un olor fétido, pero según Manuel estaba en su punto optimo para el calamar. Usaba como guía la visual de los edificios que le servían de referente; tras parar el motor, me pidió que echara el ancla por babor y ésta se precipitó vertiginosamente buscando los fondos marinos. Calamos entre quince y veinte brazas las poteras y comenzó la espera. No es fácil detectar el tiro del sedal en la mano a tanta profundidad; la marea desdibuja el tacto y el peso se hace figurativo hasta que halando te llevas la sorpresa. Tal vez un par de horas al pairo cuando Manuel dio por acabada la jornada: “Ya tenemos bastante para llevar a casa y repartir entre el vecindario”. Habíamos llenado un cubo de hermosos calamares, tras haber devuelto a la mar a los pequeños. El faro de la Fontanilla ya centelleaba entre dos luces cuando pusimos rumbo a tierra.

Estaba sudando. Tenía la garganta seca como de haber respirado con la boca abierta; tal vez había estado roncando. La almohada estaba empapada en sudor. La ventana abierta, la cortina ondeaba movida por la brisa, al tiempo que un efluvio a fritura de pescado subía por el patio desde el bar de la esquina. Entonces pensé en Marbella, en lo bien que se debe estar allí en estas fechas tomando una cerveza en un chiringuito…  seguí imaginando el resto de la tarde.

05 julio 2012

PATRIOTERISMO FUTBOLERO


Nuestros futbolistas de la selección nacional han sido recibidos como héroes a la llegada a Madrid. En Cibeles se había hecho una especia de arco triunfal, una construcción efímera donde recibirles como invictos triunfadores, que lo son, y como intrépidos atletas llegados del Olimpo; antes, desde la llegada a Barajas, una comitiva escoltada les condujo triunfalmente camino de la Zarzuela, donde sería recibido por su majestad el rey Juan Carlos y parte de la familia real. Al paso por la ciudad, las calles se abarrotaron de gentes que flameaban pancartas y banderas al grito de: “¡Yo soy español, español, español…!” como si se trataran de laureados soldados que regresaban de salvar a la patria.


Mientras, avanzaba la gestación silente de mayores recortes y el copago farmacéutico, amén de subidas varias. Por los medios se había colado, como a hurtadillas, que cada uno de nuestros invictos cobraría una prima de 300.000€ por ganar la Eurocopa, y en Internet un cierto movimiento pidiendo a los jugadores que hicieran donación del estipendio para fines sociales. Empero, la masa enfervorecida vitoreaba desaforadamente a los ídolos y el gobierno se frotaba las manos viendo cómo había funcionado el ancestral pan y circo.

De momento, que se sepa, sólo Andrés Iniesta, tras su triunfo colectivo e individual como mejor jugador del torneo, ha hecho público que donará la prima para fines sociales; el resto no se ha pronunciado y hasta cuentan con el beneplácito para cotizar por esa importante suma fuera de España. Mi duda es si continúan meditando la donación, si hacen gestiones para no cotizar al erario público que les premia y embolsárselos, o si humilde y cristianamente no quieren que sepa su mano izquierda lo que hace su derecha. Excelentes deportistas, sin lugar a dudas; pero heroicidad es sacar adelante a una familia con una nómina  —quien la tiene— y cotizar a la hacienda pública religiosamente.

04 julio 2012

LAS MÉDULAS


A veces me pregunto, ¿qué hará con el tiempo la naturaleza con nuestros desvaríos y desmanes ecológicos? ¿Tal vez reconvierta el plástico en algo noble como ha terminado haciendo, con mucha paciencia, convirtiendo el carbono en diamantes o los materiales fósiles en petróleo? Me surge esta pregunta a la vista de una bella panorámica de Las Médulas; de alguna forma recuperada y atractiva, desde el punto de vista paisajístico, con el apropiamiento que del lugar devastado por la explotación minera que ha llevado a cabo la naturaleza poblándola de robles, encinas, escobas, carqueixas y carrascas.


Las Médulas son un entorno paisajístico formado en la zona de una vieja explotación aurífera minera en la comarca de El Bierzo, provincia de León. Está considerada la mayor mina de oro a cielo abierto de todo el Imperio romano. Un territorio absolutamente erosionado, cuyas formas caprichosas, revestida hoy en gran parte de vegetación, le da una impronta muy peculiar. Estas formas caprichosas no son otra cosa que la erosión causada por el medio utilizado para la extracción del oro de las entrañas de la tierra, Ruina montium, a la que se sometía a fuerte corrientes de agua que iba devastando el paisaje y dejando al descubierto el preciado metal.

Esto sucedió entre los siglos I a.C. y III d.C. Pero, ¿cómo sería ese paisaje hoy —me pregunto—si la mano del hombre no hubiera desviado cauces caudalosos, si no se hubiera empleado la energía potencial del agua para deshacer y filtrar aquellas montañas arcillosas? Una pregunta de difícil respuesta, ya que no conocemos el antes. Lo que sí conocemos es que detrás de cada mina abandonada no queda sino escombreras y destrucción, salvo en este caso de Las Médulas en la que la naturaleza ha puesto de su parte y ha reciclado con las especies arbóreas autóctonas lo que estaba perdido.

03 julio 2012

LA OLA ROJA: PLEAMAR Y BAJAMAR


Anoche, como muchos españoles, me retiré a descansar henchido de patriotismo deportivo y los medios siguen a la mañana siguiente en esa pleamar de los momentos especiales, todo teñido de rojo. El fútbol se ha encaramado en la cresta de la ola como sustitutivo de las ilusiones perdidas en otros ámbitos más firmes y necesarios.


Cuando desperté, bostezaba la mañana con sus primeras luces aun titubeantes y turbias. Al hacer por incorporarme, como sintiéndome en medio de esa ola tal vez roja, era yo el titubeante; sentí que entre la cama y el baño me trasladaba en barco y hasta estuve a punto de salirme por la borda entre efluvios de semiinconsciencia. Como pude, sin poder explicar cómo, regresé a la cama para tratar de incorporarme de nuevo y comprobar que no se trataba de algo pasajero como en otras ocasiones. La bajamar de la tensión estaba bajo mínimos y sentía como la solería me escarbaba los pies; por el pasillo, de babor a estribor, terminé por llegar al salón y busqué refugio en la butaca. Lo que sigue es una historia clínica que comienza por el 061, sigue por un traslado en ambulancia y acaba con un largo número de horas en la urgencia hospitalaria.

De nuevo en casa, algo aturdido, sí; pero muy feliz de haber constatado que no me ha llegado ni el día ni la hora, que, como viene sucediendo de manera constante, las mareas, también la Ola Roja, tiene su pleamar y bajamar. Mientras escribo esta nota, otro momento álgido de la selección española: el polifacético Pepe Reina hace su ya conocido e improvisado show entre cánticos y aclamaciones. No quiero preocupar a mis lectores, sino sólo informarles que sigo, que resistiré a esta bajamar roja que parecía arrastrarme hacia lo profundo. Estuve decaído, muy decaído, pero sabía que mi Pastor me sacaría de los valles oscuros y me llevaría hacia fuentes tranquilas.

01 julio 2012

CUESTA ABAJO Y SIN FRENOS


El ministro de economía, Luis De Guindos, avisa de que la recesión en España se agrava, como si no lo estuviéramos notando ya en nuestros bolsillos. Pero con estas calores que estamos padeciendo, propias de la época estival, la sangre caliente por la final de la Eurocopa España-Italia, los preparativos de vacaciones y las subidas en cadena, uno no sabe muy bien cómo analizar lo que está sucediendo y piensa que no obstante todo debe tener alguna lógica. De lo único que estoy seguro es que el gobierno está afanado en salvar a los bancos y es hasta posible que lo logre; al menos esas son los últimos ecos que nos llegan desde la UE.


El primer día de julio, domingo para mayor inmovilidad, entra en vigor la subida de la electricidad, el gas natural y la bombona de butano, al tiempo que el recetazo mediante el que pasar por la farmacia para alivio de los males traerá aparejado otros perjuicios secundarios para el bolsillo. Ya no habrá medicamentos gratuitos para los jubilados, sino que pagaremos en base a una escala  en función inversa a los ingresos, lo que nos dejará ante el mancebo de turno con el bolsillo transparente en un tiempo en el que se adoptaron severas medidas contra la protección de datos. Por otro lado, se han caído de la lista un buen número de remedios, casi siempre los más usados, cuyos usuarios tendrán que pagar en adelante en su totalidad o seguir achacosos sine die. Los funcionarios no sólo están en recesión, sino que están en bancarrota como consecuencia de una catarata de recortes.

Los únicos que siguen protegidos son los políticos y los futbolistas: los primeros con sus prebendas y los segundos con primas millonarias por ganar la Eurocopa, lo que no le sucede por ejemplo al bombero por apagar el fuego, al maestro por enseñar el principio de Arquímedes o al policía por arrestar al delincuente. Por cierto, eufóricas felicitaciones a nuestro equipo por marcarle cuatro goles a Italia en la final. La caótica situación económica hace que la deuda externa cierre un semestre negro, el comercio inicie las rebajas de verano el domingo, urgido por hacer caja, que Cáritas se haya convertido en ocasional e imprescindible oficina de empleo, mientras que el pueblo jubiloso se encandila con la selección y enarbola la bandera nacional, en otros campos denostada por muchos.

CREPÚSCULO EN COSTA BALLENA


A Encarni Cebrián, mi amiga, mi hermana.


Se echa el viento,
se echa la tarde y se vislumbra la noche
con su manto pardo
sembrando inquietudes
y desasosiegos:
la noche es un choque tectónico
entre la calma y el reposo
por la agitación de lo incógnito.
Un pájaro sobrevuela los tules grises
que antes fueron añil y turquesa,
y, allá al fondo, se incendia el sol
—batiéndose en retirada—
mientras se acunan los bostezos del sueño;
se enmudece el jardín y despierta
la dama de noche
con su aroma envolvente
y empalagoso en la cercanía;
allá, a lo lejos,
el murmullo del mar
emulsionando incesantes idas y venidas
con bordados de nácar
y sobrenadan crestas afestonadas y cantarinas;
una brisa ligera mece las hojas
de las palmeras en lo inmediato
y concierta pianos trinos
que ya se adormecían;
canta un grillo bajo el farol
y pronto se enmudece.
A poco, todo es ausencia,
plácida somnolencia de la vida en retirada
para descansar  —en apariencia—
hasta el nuevo amanecer.