Junto a la orilla, un eucalipto,
una sombra alargada hacia el cielo
como plegaria por las magas del blancor,
con los rudimentos de lo ancestral.
Un restregador de madera acanalada,
un taco de jabón casero
hecho con los despojos del aceite;
un juego de manos, de habilidades,
para una vida máxima, desde lo mínimo.
Un máximo común a todas,
con el mínimo gasto
y con el máximo esfuerzo;
una operación aritmética
que afectaba a todas,
con las desigualdades
con las que se uniforma la sociedad,
y para colmo,
ellas tan solo eran silencio:
ni tenían opinión ni contaban para nada.

Aquellos eran tiempos duros para la mujer.
ResponderEliminarUn abrazo.
Trabajo duro de antaño, un abrazo Francisco!
ResponderEliminarEse trabajo lo he presenciado en mis tias, también en mi madre...Iban a por agua a la fuente con cántaros y lavaban en artesas de madera con trozos de jabón casero, duro trabajo, porque también tenían que enjuagar la ropa y tenderla al sol...Bello homenaje a las mujeres silenciosas, madres imprescindibles y sufridas.
ResponderEliminarMi abrazo Francisco.