No se si una mala mar,
la febril calentura de las temperaturas,
de esa que se deshace por los polos,
o la probatura de un cambio de hábitat,
pero las gaviotas, esas eternas marineras,
viven en régimen abierto
y hasta ejercen de ocupas
en vertederos y recintos de lo ajeno.
Algo así sucede con los jabatos:
los imprudentes queman el monte,
los ineficaces no consiguen apagadlos
y los colmillos hambrientos
buscan en los contenedores
como mitigar el día a día.
Mares contaminados,
un cielo envuelto con nubes de cenizas,
los montes esquilmados…
Algo grita en lo alta y no prestamos atención,
tampoco sabemos interpretar sus signos.

Los incendios intencionales son la barbarie con impunidad, un abrazo Francisco!
ResponderEliminarUn caos, tristemente como dice nuestra amiga María Cristina, muchas veces los incendios son provocados y los daños son inmensos.
ResponderEliminarUn fuerte abrazo.
Si, los animales nos dan avisos y ese grito desde lo alto cada vez es más agudo...El hombre tiene que cambiar, tiene que mirar al norte, recuperar valores perdidos y agradecer al cielo todo lo que nos da...Muy bueno, Francisco.
ResponderEliminarMi abrazo y feliz fin de semana.