A Larysa Chesnokova
Suena al teclado una escala musical,
alguien se ejercita calentando dedos,
desentumeciendo el sopor
de un día ciertamente desabrido
con la inercia y añoranza de su tierra lejana,
cumplimentando ahora el cuarto año de destierro.
Movimientos de tropas,
auxilios urgidos que no llegan,
acosados por bombas y drones
que esquilman las vidas
y siembra el terror a tullidos y salvos;
la ley del más fuerte,
la sinrazón de la ambición nunca satisfecha.
La música, lenguaje universal,
el mismo acento en todos los idiomas,
porque en ella vive y late
un lenguaje único, sin fronteras ni visados,
un idioma universal
sin entonación específica.
Ya ha calentado, ahora se hace audible
la melodía "Molytva za Ukrainu",
y vuelve a dar vida a Mykola Lysenko,
como refugio universal
donde se acogen los excelsos sentimientos
bajo la añoranza de una patria que sangra.

La música y la guerra. No puede haber mundos más opuestos. Aunque fuera Wagner.
ResponderEliminarUn abrazo.
No me gusta nada la música que está orquestando el autocoronado Emperador de toda la tierra.
EliminarUn abrazo.
Música, música para la Paz es lo que más necesitamos en estos tiempos. Por si te interesa, en mi blog estoy publicitando un libro que a lo mejor te interesa. Un abrazo
ResponderEliminarSiempre me interesa lo tuyo y por siempre, Chelo.
EliminarUn abrazo.
El tener que alejarse de su tierra y llevarse la nostalgia a cuestas! La música es un aliciente y una bendición, sentido poema, un abrazo Francisco!
ResponderEliminarEs un drama más horrible de lo que podamos imaginar. Verlo de cerca me familiariza con la historia no vivida, esa contada o leída a la que no es fácil ponerle dimensiones, María Cristina.
EliminarUn abrazo.
Tenemos tantos frentes abiertos, que tus acordes vayan para todos ellos
ResponderEliminarPor supuesto que sí, aunque hoy pensaba en estas familias rotas y separadas que recalaron aquí hace cuatro años huyendo de la guerra de Ucrania.
EliminarCada persona tiene sus necesidades. Todos necesitamos la PAZ. 🏳️