Por el Chaparrillo se presiente,
pero es al pasar la Jaula
cuando se nubla la visión y comienza la nostalgia.
Cada tramo, su nombre y su recuerdo vivencial,
cada cuesta, cada curva, cada subida o bajada,
y el nombre propio de quien lo hizo notorio
e imperecedero como privilegio.
Tras Cuestablanquilla,
curvas y contracurvas te plantan en Savarito,
última mirada atrás y el albor
de una panorámica radiante,
que desaparece para siempre
y nos consuela el ánima
mostrándonos la mar como destino azul,
abierto al universo
y a las ansias de un mundo por descubrir.
En camino,
sin la certeza de volver sobre los pasos de nuevo
y regresar a los orígenes,
pero con el marchamo indeleble
de la cuna y el abolengo intimista de los ancestros
que va sellado en el tirabuzón del ADN.
En camino,
siempre pensando en el próximo regreso.

Tu paraíso perdido a la vuelta de la esquina. Aunque las malditas cuestas...
ResponderEliminarLa infancia es el verdadero paraíso perdido, Cayetano.
EliminarUn abrazo.
Qué bonito tu pueblo y tu poema.
ResponderEliminarOcho kilómetros hasta Marbella, que hice a pie muchas veces en mi lejana infancia y juventud. Gracias, Tracy.
EliminarUn abrazo.
Qué precioso lugar, Francisco, así en altura con todas sus casitas casi iguales en declive, sentido tu poema en homenaje, un abrazo!
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