Por los bordes inmaculados del día
se asoma la luz que alardea buen tiempo.
La mañana se acopla al discurrir de las orillas
y asciende haciendo frente a la corriente.
Marzo, ese pájaro claroscuro
que a veces es luz y otras brisa que se oscurece,
cántico que enamora,
o asombro que empapa de lluvia sorpresiva.
En todo caso, tránsito, esperanza, luminaria,
fanal al final del túnel
y algarabía que desentumece
de los pasados temporales.
Ya se escuchan los primeros cánticos
de pájaros que seleccionan mullidas ramas,
donde anidar en lo inmediato.
En los ensayos, las primeras contorsiones,
pero también la uniformidad
bajo el criterio del capataz que controla,
emoción contenida y renovación de promesas.
Ya asoma y embriaga el azahar,
que será competencia de incensarios.
La ciudad se despoja de la oscura capa rucia
y se predispone a vestir de sutiles blondas:
las mantillas, tan solo a un mes vista.

No toques las campanas que todavía vendrán días malos. Al menos por aquí. En Sevilla, en cuanto comience a oler a azahar, ya os pondréis a pensar en procesiones y ferias.
ResponderEliminarUn abrazo.