Mirando hacia atrás,
siempre fui extraña medianía:
maduro en la infancia,
iluso y pretenciosa jovialidad en la vejez…
Uno en la multitud,
múltiplo en la soledad;
ni último ni primero, masa uniformada,
sin trascendencia alguna ni militancia.
En algún momento, extraño fogonazo,
ráfaga luminosa con el pie cambiado
como excepción que confirma la regla.
Ahora, próxima la meta,
ni medallas ni fracasos,
ni primero ni último,
uno de tanto que llega sudoroso y cansado,
con el dorsal prendido al torso,
fatigado del largo esfuerzo
y con una leve sonrisa victoriosa
por ser, ni más ni menos, uno de tantos.

En el centro está la virtud.
ResponderEliminarNi listo, ni tonto. Uno más del mogollón. Gracias por tu respuesta.
EliminarUn abrazo.
¿Puede ser que sea hoy tu cumple?
ResponderEliminarHoy no es mi cumple. Será, si Dios quiere, el 9 de abril.
EliminarMi madre decía: ese es más tonto que una " jartá" a correr.
ResponderEliminarLas madres siempre tuvieron razón. Ja, ja, ja, ja...
EliminarAunque la vida es eso: una carrera de fondo.
ResponderEliminarEso mismo he pensado, Cayetano. Por eso he escogido esta ilustración.
EliminarUn abrazo.
Una vida equidistante de los polos que por lo general son engañosos, un abrazo Francisco!
ResponderEliminarY esos polos, cuando se juntan dan chispazos.
EliminarUn abrazo, María Cristina.