A Encarna, enferma de Alzheimer
Ella es silencio profundo,
un telón escénico se interpone
entre las candilejas y el patio de butacas,
y hasta imposibilita su salida
al exterior y le impide relacionarse.
Detrás de su mirada,
perdida entre los barrotes de su íntimo aislamiento,
una incomprensible condena
que la incomunica con severidad
entre las sombras de su ayer afable.
Por momentos, ausencia silente,
mas le basta un gesto amable y cariñoso
para subir el telón y reinar en la escena
como maestra de la dramaturgia.
Los cariños, los mimos, las caricias,
la sonrisa que se aproxima iluminada,
la mano tendida que busca dar calor,
ser interpelada en la corta distancia,
y un collar de halagos que la enjoye
la rejuvenezca, y la libere.
Se aparta y se refugia en el silencio,
pero sigue reconociendo los abrazos
con la clarividencia de la infancia,
que vuelve a habitarla iluminándola.
Ella es silencio, y vuelve al silencio,
pero es ahí donde espera los afectos.

Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarQue no nos toque, directa o indirectamente.
ResponderEliminarUn abrazo.
Qué enfermedad más puta.
ResponderEliminarBueno, todas lo son, en parte.