Siempre anuncia;
los carteles siempre anuncian
y con frecuencia prohíben:
“Prohibido pisar el césped”;
me pregunto para qué lo siembran,
para qué una alfombra verde y mullida
que no puede pisarse,
sobre la que no se puede uno recostar;
una copa servida hasta el borde,
con su rodaja de limón,
que no se puede libar
para saciar la sed y la apetencia.
Es como un escote
o unas piernas desnudas al sol
para la mera contemplación
que invita a imaginar
por el mar de lo vedado:
“Coto de caza”,
y se pierde la vista
por entre las lomas
y los mares de encinas y almendros
con el anonimato de una propiedad
incógnita y egoísta
que guarda para sí
los bienes que la naturaleza
ha desperdigado con generosidad:
“Prohibido cantar”.
“Prohibido hablar con
el conductor”.
Prohibido opinar”.
“Prohibido
manifestarse”.
Y a mí me apetece rotular:
“Prohibido prohibir”.























.jpg)


