Mi lista de blogs

14 octubre 2011

PAÑALES PARA LOS CABALLOS

Todos estaremos de acuerdo que la mejor de las limpiezas es no ensuciar. Aquellos ciudadanos educados que no tiran colillas o chicles al suelo están contribuyendo al estado de limpieza de sus calles, es obvio, como también los padres que recogen, a modo de ejemplo, la bolsita de chuche que tiró al suelo su hijo.

Hace mucho que los ayuntamientos tratan de concienciarnos que la limpieza es cosa de todos, que la limpieza comienza por usar las papeleras y con corrección todo el mobiliario urbano. También los maestros explican a los niños qué está bien y qué cosas no lo están, pero luego suelen ver el ejemplo de los mayores y se suelen olvidar de la prédica del docente.

Ya son varios los ayuntamientos que han pedido a sus vecinos que cada quien barra su tramo de calle y  lo cuiden como si de su propia casa se tratase. Recuerdo que en mi infancia, en Ojén, no existía el servicio municipal de limpieza y cómo mi madre se ocupaba de todo el tramo de calle que transcurría a lo largo de su fachada hasta la siguiente; hoy hasta cuenta el municipio con una barredora mecánica de no sé cuántos caballos de fuerza y un conductor que se pasea por las calles entronizado en lo alto del mecanismo.


Pues en ese afán de no manchar, para que la limpieza sea menos onerosa para las arcas municipales, el Ayuntamiento de Sevilla quiere que se pongan pañales a los caballos, además de uniformes a los cocheros. Lo primero para contribuir al aseo de las vías públicas; lo segundo para que éstos luzcan más aseados. Los cocheros se resisten al uniforme, pero no tengo noticias de si los caballos acatarán o no eso de llevar pañales.

13 octubre 2011

LOS TRANSPORTES



Levantó la mano derecha haciendo señales y paró justamente al llegar a su altura. La luz verde se apagó en el mismo momento de ponerse en marcha, tras recibir la instrucción. “¿Por dónde quiere que vayamos?” Se encogió de hombros y finalmente le respondió ¡usted sabrá! Poco después se fijó en el taxímetro y se le desorbitaron los ojos viendo la sucesión de números iluminados que iban apareciendo mientras pensaba en la tarifa fija del autobús o del metro. Entonces recordó que no necesitó bajar a ninguna estación ni aguardar en una marquesina la larga espera, ni verse apretujado por una masa donde no faltan los malolientes.  A poco el taxista le daba conversación y se acordó del letrero del autobús: “Prohibido hablar con el conductor”. Iba circunspecto, pero de inmediato fue interrumpido en sus pensamientos por el conductor: “El Barça está que se sale, ¿no cree?” No me gusta el fútbol –le contestó lacónico mientras volvía a sus pensamientos. “¿Prefiere oír música?” El viajero respondió encogiéndose de hombros, pero fue advertido por el espejo retrovisor y al momento sonaban los compases de Radio Clásica. “Esto creo que sí le gustará, ¿no es así?” No respondió. Volvió a mirar el contador y los saltos digitales y ya no le parecieron tan abusivos al compararlos con el billete de autobús. Tosió tratando de librarse del nudo de su garganta y le fue ofrecido un caramelo. “¿Lo quiere de eucalipto?” Compungido, el viajero le confesó que había sido despedido después de 25 años en la empresa, que en realidad había sido un cierre patronal y que su mujer le había dejado por otro. En ese momento ya no miraba al taxímetro, sino que lloraba desconsoladamente y el taxista le entregó un paquetito de pañuelos de celulosa. Mientras se enjugaba las lágrimas comprendió que el taxi no admite comparación posible con el transporte colectivo. Cuando le apeó a las puertas de Magistratura le extendió un billete de a veinte y le dijo que se quedara con la vuelta. “Tengo tiempo, se nota que estamos a finales y no hay muchos clientes, si tiene tiempo yo pago los cafés”. Negó con la cabeza, le dio un apretón de manos y subió las escalinatas con decisión. Antes de desaparecer por las cristaleras, se volvió a mirar y le echó una sonrisa de agradecimiento.

12 octubre 2011

LA VIRGEN DEL PILAR: CIERRE DE LA FERIA

A mi "prima" Liova con mucho cariño.

La Feria de Ojén tiene la peculiaridad de abrirse con la procesión de san Dionisio Aeropagita e inaugurar el último día con la procesión de la Virgen del Pilar. Por descontado que antes, en la víspera, se lleva a cabo la coronación de la reina y damas de honor y el pregón que anuncia el evento, y después de la procesión de la Virgen queda todo el cuarto día de feria y la traca final de despedida.


No sé desde cuando comienza esa tradición, sino que ocupa todo lo que alcanza mi memoria. Lo que sí sé son los entresijos de la historia de esa pequeña figura de plata coronando el pilar, a semejanza de la zaragozana. Bajo el intenso frío estepario, el joven Miguelín temía por su vida y por el truncamiento de su carrera militar. Se había alistado a la División Azul, pero su meta estaba en la Academia General Militar de Zaragoza. Como ocurriera antes con las tropas napoleónicas, el frío era un arma silenciosa y exterminadora a favor del desacostumbrado enemigo. En el fragor de la batalla, Miguelín temía tanto por su vida como por el posible truncamiento de su soñada carrera militar. Era de noche y cubría uno de los puestos de guardia cuando se encomendó a la Virgen del Pilar y le hizo la promesa.

Miguelín volvió sano y salvo y pasó con nota su acceso a la Academia. Miguel Romero Villarrubia, fue un estudiante brillante; hombre enjuto, nariz afilada, aire marcial, aunque con incipiente curvatura en la alta zona dorsal; acudía a Ojén en sus días de asueto. Lo recuerdo dando satisfacción a su afición cinegética, acompañado siempre por Pepe Pacheco, y los domingos vistiendo su uniforme militar en la misa y en el paseo. Capitán, comandante…  llegué a verle lucir en las bocamangas las estrellas de coronel. Hizo una brillante carrera militar a base de esfuerzo y entrega apasionada y cumplió, todavía cadete, la promesa hecha a la Virgen en el frente ruso: regaló a la humilde iglesia de su pueblo una imagen en plata de la Pilarica, la misma que procesiona cada año el último día de la feria. 

11 octubre 2011

CRISIS

Solemos atrincherarnos a lo conocido con tantas fuerzas que hasta nos negamos a abrir una espita por las que entren aires nuevos. Hasta la más rabiosa juventud es tradicional en cuanto al estatus social y aspira, dentro de su rebeldía, a una situación social como la de sus padres, evolucionada hacia mejor, si es posible. Pero el planeta no puede con el crecimiento que llevamos en el primer mundo y parece que se avecinan tiempos de cambios, un nuevo equilibrio.

Hace tres años que no hacemos más que oír hablar de crisis y no nos damos cuenta que crisis es sinónimo de cambio y cambio, a su vez, de muerte y enterramiento de lo anterior. Hemos finiquitado el crecimiento y hasta la estabilidad. Sin cambio no hay transformación posible, sólo estancamiento, y las aguas estancadas se corrompen. Se han estancado las aguas de nuestro estado del bienestar y huele a muerte, a muerte porque parece más urgente auxiliar a los banco; si el agua estancada se vuelve putrefacta, no digamos el dinero en manos de la avaricia.


La vida es un camino y avanzar por él significa ir dejando atrás lo que ya no es y enfrentarnos a las novedades. “Que los muertos entierren a sus muertos”. Sentirse atado a lo caduco es morir, es tratar de permanecer en lo que ya dejó de ser: sólo los que se enfrentan a los cambios asumiéndolos alcanzan la meta. La vida es siempre evolución, cambio y evolución positiva: Prehistoria, Antigua, Media, Renacimiento, Siglo de las Luces…   El oscurantismo, la muerte, el adormecimiento sólo se supera renaciendo, volviendo a ser, acercándonos a la luz. Es difícil ser pez y ver el agua; también es sumamente complejo estar sumergido en la ola de la crisis y ver la luz, pero la luz está al otro lado de la muerte. ¿Quién nos sacará de ella? ¿Quién nos llevará a la vida?

10 octubre 2011

EL PARQUE INFANTIL

En mi niñez jugábamos en la calle, improvisando canchas y juguetes inexistentes, y ahora los niños tienen ciertos espacios cerrados, con suelo acolchado a base de losas de corcho, y diversos elementos que se enlazan unos a otros como en un circuito sin fin de escaleras, escalas de cuerda, rampas, pasadizos y toboganes. Todo se les da hecho. Entonces había que inventarlo todo y hoy lo encuentran todo inventado, a pesar de lo cual, los niños suben con frecuencia por el tobogán y se lanzan por las escaleras invirtiendo el orden previamente establecido.


Hace un par de años pidió mi nieto Alberto un juguete del que se había prendado por los anuncios de televisión. Era la primera vez que pedía algo concreto con todas sus ganas. A pesar de que era carísimo, le hicimos caso y tuvo su regalo. Para nuestra sorpresa, al poco estaba jugando con la caja y abandonaba el complejo mecanismo de aquel artilugio, lo que me recordó mi infancia, cuando los juguetes eran un bien escaso y el camión de mis juegos, sin pilas ni control remoto, era una vieja caja de zapatos tirada por una cuerda.

Alberto es un niño muy imaginativo y tiene dotes de líder, a pesar de no ser un niño valiente y arriesgado, sino más bien temeroso, lo que no le impide entrar en el parque infantil y controlar al poco rato la situación. A pesar de que todos los elementos de juegos son estáticos, en su mente imaginativa y creadora aparecen figuras y situaciones, mundos y visiones con los que cautiva a sus compañeros de juego. Así, como militar el mando de una sección, pronto tiene bajo sus órdenes a un grupo de niños que ahora, jugando con los mismos elementos, parecen intrépidos piratas o tripulantes de naves espaciales en un mundo irreal y de febril ensoñación.

09 octubre 2011

SAN DIONISIO AEROPAGITA

No sé hasta qué punto he perdido o no el sentido de la feria, y hasta es posible que los recuerdos me traicionen y hable más de la que fue que de la presente. En mi infancia y juventud no eran muchas las ocasiones de fiesta y la feria era recibida como un acontecimiento especialísimo que hoy no lo es. La gente se reservaba los ahorros para esos días y hasta estrenaba  sus mejores galas con tal ocasión.

La mañana del día 9 recorre el pueblo una banda tocando pasacalles que animan a la participación y a la fiesta. La chiquillería va en pos y suenan los primeros cohetes. San Dionisio ya está sobre las parihuelas engalanadas de flores que será portada por las calles del pueblo. Ya hablé hace unos días de la ofrenda, la misa y la procesión, por lo que hoy quería corresponder a la petición de Emilio con algún corte del pregón que pronuncié  en la víspera de feria de 1993. Él suponía que lo tendría a buen recaudo, pero hasta el momento no he podido encontrarlo, así que tendré que referirme a otras cosas, lamentando no poder complacerle en el momento oportuno. La verdad es que no tengo conciencia de escribir cosas importantes y no soy nada celoso del cuidado de los originales: tendré que cambiar, como Chelo me pide que cambie de imagen.


Hoy quiero referirme a la confusión existente con el nombre de san Dionisio. Según la documentación que poseo, son tres san Dionisio los que registra la historia. El apelativo de Aeropagita nos remite al Aerópago y nos habla de un juez ateniense que escuchó la predicación de Pablo y se convirtió; luego hablamos del siglo I, tal como podemos leer en los Hechos de los Apóstoles: algunos hombres se adhirieron a él (a Pablo) y creyeron, entre ellos Dionisio Aeropagita (Hch 17, 34) En el siglo III nos encontramos en París con Saint Denis, entre el 250 y 270 de nuestra era, quien fue obispo de París, decapitado durante la persecución de Aureliano. En el siglo V o VI aparece la edición de Teología Mística, firmada por Pseudo Dionisio, una obra con bastante influencia en casi todos los autores místicos posteriores, también conocido como el Aeropagita.

En resumen, hoy por hoy, y con mis escasos conocimientos, no sabría decir a qué Dionisio celebramos ni por qué causa se adoptó remotamente como patrón del pueblo, pero lo cierto es que su imagen procesiona decapitada y con la cabeza entre las manos, como Saint Denis, y lleva el sobrenombre de Aeropagita como el discípulo de Pablo y también como el autor de Teología Mística del siglo V. Lo que puedo asegurar es que Ojén es un pueblo muy acogedor y que la feria representa una gran ocasión para pasarlo en grande. ¡Feliz Feria, paisanos y visitantes!

08 octubre 2011

FE Y OBRAS

He sido invitado a participar de este día dedicado a la fe, cada quien en su blog, y me ha parecido una brillante idea el hecho de muchas voces blogueras a un tiempo sobre un mismo tema. Mi pretensión no es la de adoctrinar a nadie, sino hacer un reflexión en voz alta para que la analicen aquellos a quienes interesen.


Comprendo que es imposible explicar qué es la fe con argumentos racionales. Tal vez la mejor definición de fe la haya aportado el converso Pablo de Tarso cuando dice: La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de lo que no se ve (Hb 11, 1). Pero la fe no es algo que se pueda alcanzar por uno mismo, sino que ésta llega a través de la predicación: quien no ha oído hablar de Jesucristo difícilmente podrá creer en su redención; así lo explica también san Pablo: La fe viene de la predicación, y la predicación, por la palabra de Cristo (Rm 10, 17). Por tanto, se necesita escuchar la palabra para poder creer en él: sin predicación, sin anuncio, no podemos llegar al conocimiento de Dios.


En la carta a los romanos dice san Pablo que el justo vivirá por la fe, mientras que en la de Santiago leemos ¿De qué sirve, hermanos míos, que alguien diga: “Tengo fe”, si no tiene obras? ¿Quiere acaso decir Santiago que nos salvamos por nosotros mismo, que son nuestras obras las que nos salvan? Parece como si ambos entraran en contradicción, pero la palabra no puede leerse de manera aislada, sino en coordinación con el resto de las escrituras. El error está en separar la fe de la caridad. Cristo vino fundamentalmente a añadir un mandamiento nuevo a la antigua ley de Moisés: amaos los unos a los otros, como yo os he amado. No son las obras las que nos salvan, sino la fe en Cristo Jesús, pero la fe es una respuesta libre a la revelación de Dios que requiere el amor puesto en práctica. No  podemos afirmar que amamos a Dios mientras seamos indiferentes a nuestro prójimo, pues, si no amamos a quien podemos ver y tocar, ¿cómo podemos decir que amamos a Dios, a quién no vemos?

San Pablo enseña en Ga 5, 6 que la eficacia está en la fe que actúa por la caridad; luego la eficacia de la fe no se produce por lo que pronuncian nuestros labios, sino por las obras de amor hacia Dios y hacia el prójimo. En resumen, no son las obras las que salvan, sino la fe; pero no podemos decir que tenemos fe si no hacemos obras de amor.