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14 septiembre 2011

ARITMÉTICA


Reconozco mi ignorancia
-es endémica-
cuando me queda poco
tiempo para aprender.
He removido la tierra
y no he conseguido encontrar
la raíz cuadrada
-con la cúbica no lo he intentado-
Hubiera querido trepar,
pero mis dedos no imitaron nunca
a los zarcillos y espirales
de las parras y enredaderas
y se entretuvieron en horizontales
y tangenciales
por las derivadas que alejan
sin remisión del infinito.
Reconozco mi ignorancia,
pero ¿alguien sabría explicarme
por qué el cuarzo es vulgar
y estimada la bauxita y el cobre?
He visto a muchos que son
como las aves migratorias
que se arriman al sol que más calienta,
y les va bien; pero soy terco
-además de ignorante-
y reconozco, a mi pesar,
que mi denominador no es común.

13 septiembre 2011

FUEGO DEVORADOR

Estas sierras forman parte del paisaje de mi infancia; una gran parte de la naturaleza devastada resultará irrecuperable. Aquí dejo algunos vídeos que hablan por sí solos en la prensa: Diario Sur, ABC, El Mundo


LAS CUATRO ESTACIONES



Primavera: allegro molto vivace.
Verano: piano, ma non troppo.
Otoño: andate melancólico.
Invierno: adagio moderato.

12 septiembre 2011

CÁLCULO


¿Alguien podría calcular el dolor
latente en un gran hospital?
¿Peritar las lágrimas secas y las otras?
¿Computar las penalidades ajenas?
¿Recontar los padeceres del alma?
¿Medir las dudas de las angustias?
¿Tantear los baremos de los males?
¿Determinar el fiel de los sufrimientos?
¿Evaluar las oscuras aflicciones?
¿Escrutar las punzadas por minuto?
¿Valorar los gemidos del silencio?
¿Tasar las dolencias del abandono?
¿Estimar la escarpadura de los calvarios?
¿Inventariar las arduas quemazones?
¿Enumerar los picos de los espasmos?
¿Investigar los suplicios de la noche?
¿Contar las convulsiones del espíritu?
¿Apreciar con todo rigor los dramas?
¿Catalogar los tormentos de las curas?
¿Cubicar los achaques por metro cuadrado?
¿Sabes tú acaso, lector, lo que pasa
por las tripas de un gran hospital?

11 septiembre 2011

PARTITURA


Sobre las líneas del teléfono,
pentagrama comunicativo:
las golondrinas ensayan
los trinos
con los que regresarán
la próxima primavera.

Sobre el auricular de mi teléfono,
la espera, la larga espera:
me paso los días ensayando
el gran recibimiento,
soñando en que vuelvas.

Ya casi es otoño y pronto
empezará a amarillear;
sigo ensayando
la música con la que recibirte,
¿tal vez
la próxima primavera?

10 septiembre 2011

ME FALTA ALGO EN ESTA MANO

Iba caminando más achacoso que de costumbre; en esta ocasión estaba solo y andaba un tanto más encorvado, a pesar de su esbeltez. José es un octogenario con muy buena planta y apuesto. Con el bastón en su mano izquierda, solía ir siempre ofreciendo el interior de la acera a Dolores, su esposa; con frecuencia, cuando el ancho del acerado lo permitía, lo hacía de la mano que no se ocupaba del bastón. Saludaban de forma escueta, pero siempre sonrientes, destilando la armonía de sus propias vidas. Nunca los veía solos. En esta ocasión iba como perdido y cabizbajo. Al cruzarnos no dijo nada ni hizo ningún gesto como solía; su sonrisa se había oscurecido.


—     - ¡Buenas tardes, José.
—    -  ¡Hola!
No había expresión en su rostro, llevaba la mirada perdida, como sin rumbo.
—     - ¿Y la señora?
—     - La enterré hace una semana.
—     - ¿Cómo?
—     - Sí, se puso enferma y se me fue en diez días.
—     - ¡Lo lamento, José! ¿Hacia dónde camina? 
—     - Voy a la parroquia, a encargarle una misa.
—     - Le veo muy decaído, ¿cómo se encuentra?
—    -  ¡Mal, me falta algo en esta mano! –me dijo moviendo torpemente la mano con la que no llevaba el bastón.

Efectivamente la mano libre iba como buscando un apéndice que no encontraba. “Fueron 65 años juntos, siempre juntos; 57 de casados y 8 de novios; toda la vida”. Le temblaba la mandíbula inferior al hablar; lo hacía sin ganas ni fuerzas. Nos dimos la mano, se la estreché con fuerzas e intención y sus ojos respondieron a la emoción. José siguió caminando hacia la parroquia para encargar la misa. Se volvió unos pasos más adelante y me repitió: “No ve que me falta algo en esta mano”, al tiempo que se le llenaban los ojos de lágrimas. La soledad es eso, que falte algo en tu mano.

09 septiembre 2011

DESENCUENTRO


Septiembre tiene voz lánguida
con tornasoles de uvas doradas
y paladar acidulado,
pámpanos que empiezan
a estar mustios de tanto fragor
tras el fatigoso estío;
yo estoy encendido
de deseo,
reverdecido de pasión
-ya conoces mi sed desértica-
pero no escuchas mi entonación
y enmudeces
por coladas y senderos
jugando a descolocarme.
Cae la tarde,
el cielo se echa por los hombros
un echarpe  gris
amenazando tormenta
y las estrellas lloran conmigo
el desencuentro.