Te retengo,
te acaricio desde antaño
en la alacena de lo imperecedero,
como su hubiera guardado
en una nube
aquello que no se acomoda
al tránsito frenético del día a día
y me saturara la memoria.
Ahora,
en las calles y plazas
de mi distante infancia,
reverdece frondoso un renuevo
-aunque no germine-
que es ilusión,
que es confirmación,
en medio de este mundo
de dolencias, reproches y olvidos.

Reverdece gracias al recuerdo.
ResponderEliminarQue no es poco.
Abrazo
Esa es la cuestión, Cayetano, mantener vivos los recuerdos.
EliminarUn abrazo.
Hermosa sonrisa, Francisco, que sigas así, un abrazo!
ResponderEliminarNada tan reconfortante como aceptar el destino que nos toca a cada uno, María Cristina.
EliminarUn abrazo.