Te retengo,
te acaricio desde antaño
en la alacena de lo imperecedero,
como su hubiera guardado
en una nube
aquello que no se acomoda
al tránsito frenético del día a día
y me saturara la memoria.
Ahora,
en las calles y plazas
de mi distante infancia,
reverdece frondoso un renuevo
-aunque no germine-
que es ilusión,
que es confirmación,
en medio de este mundo
de dolencias, reproches y olvidos.

Reverdece gracias al recuerdo.
ResponderEliminarQue no es poco.
Abrazo