Quiero escribir tu nombre
sobre roca,
en formato que un día
acabe en manos de espeleólogos
y puedan traducir este impulso
con vocación de imperecedero.
Trato de ponerle nombre
a este modo de sentir,
tan de siempre,
tan novedoso,
tan de un tiempo que aspira
a flotar en lo venidero
y quisiera enraizarse a tus piernas
y escalar por tus caderas
y por el busto hasta el cuello,
para colmarse de frondosidad
en el brocal de tu boca.
Quiero caminar descalzo
por el laberinto de las palabras
y
encontrar la tesela
que ponga el acento en esta herida
por la que me derramo,
ahora que soy consciente
que mi vida está en ti,
y así a perpetuidad.





