Mi lista de blogs

16 junio 2011

SOY



Soy
este cuerpo desnudo e insignificante:
apenas vísceras intuidas, extremidades,
tórax y una cabeza donde colocar el sombrero;
soy una mirada perdida en el
horizonte que busca y no encuentra,
sin esperanzas de deshojarme
de los pensamientos que anclan
mi existir grave y efímero
hasta desembarcar en la orilla
incólume de tu cuerpo.
Soy,
solemne esclavitud en el alma
al pairo de tu voluntad caprichosa:
si me desdeñas, materia;
si me acoges, criatura celeste.
Soy
apenas…   un juguete roto en tus manos.

15 junio 2011

LA CIUDAD DE MONIPODIO

Aún no se vislumbra dónde nos llevará la crisis económica. Las órdenes vienen desde fuera y ponen valor y precio; las instrucciones vienen de fuera y se avecinan nuevos recortes sociales; las comparaciones las hacen otros y nos asemejan a Grecia, Irlanda y Portugal. Parece que cinco millones de parados y montones de mileuristas no es maquila suficiente como tributo a este molino que nos devora.

Esta mañana me he encontrado mucho mejor; se ve que el verano anticipado que se ha instalado hace unos días ha resecado la humedad en mis articulaciones y me ha permitido un hermoso paseo: una transversal urbana desde el noroeste hasta el sur que acabó en el atrio del Rectorado de la Universidad, la antigua Fábrica de Tabacos. Las bibliotecas a tope y en las copisterías, los apuros de los estudiantes haciendo cola para hacer montones de fotocopias de apuntes ajenos. Cambian los tiempos, pero no las personas. Llegué hasta el patio central, en vías de restauración, donde el fundador Maese Rodrigo está circunstancialmente cubierto de plásticos que le preservan bajo los andamios.


De regreso, desde la misma Puerta de Jerez hasta la plaza del Duque, pasando la Avenida, el Ayuntamiento y la calle Tetuán, me han asaltado al menos media docena de jóvenes tocados con un chaleco blanco y el logotipo estampado de la ONG correspondiente para las que reclutan donantes; dejo sin contabilizar a los muchos pedigüeños profesionalizados: músicos callejeros, vendedores del top’manta, lisiados exhibiendo sus anomalías, las del delantal con la ramita de romero, los carteles garabateados que hablan de desgracias familiares y niños desnutridos a la puerta de los comercios, el negrito que vende La Farola…


Allá por la segunda mitad del siglo XVI, el Cabildo de la Catedral, mandó proteger con cadenas las escalinatas para evitar en sus aledaños a esta fauna humana de tan difícil erradicación, ya que aparecen nuevos tipos y nuevos escenarios. Si Cervantes volviera por esta ciudad, seguro que no se perdería, sino que la identificaría con aquel Monipodio que inmortalizó para siempre en sus Novelas Ejemplares.

14 junio 2011

EL AUTOBÚS DE LAS 12

Miguel siempre salía del trabajo de manera precipitada. El autobús de las 12 era el último; también sabía de la existencia del nocturno, pero hacía un recorrido enorme que zigzagueaba media ciudad y llegaba tardísimo. El suyo pasaba por la parada unos siete minutos más tarde, así que hacía el relevo de forma precipitada y procuraba estar a y cinco esperando; luego, una vez dentro, se despreocupaba y se dedicaba a leer algún artículo o reportaje que había dejado aplazado en el viaje de ida. El turno de tarde le resultaba pesado, ya que se perdía convivir con sus hijos y por la mañana tampoco podía dormir lo suficiente ya que los críos hacían mucho ruido y su madre tenía que pelear con ellos para que se tomaran el desayuno antes de ir a la escuela.


Arrastraba sueño que no recuperaba hasta la mañana del sábado, si acaso los niños se dormían hasta más tarde o jugaban en silencio en su cuarto. Aquella noche, Miguel se sentía rendido. Hacía frío mesetario. Soplaba una ligera brisa de la sierra y se abrigó levantándose la solapa del anorak. Comenzó a leer, pero al poco de salir de la parada abandonó el periódico y dejó caer la cabeza sobre la fría ventanilla. De cuando en cuando despertaba y reconocía el paisaje; volvía a abandonarse haciendo del viaje una especie de aperitivo del descanso nocturno. El ruido del motor le acunaba y los saltos provocados por los baches ocasionales le ponían alerta. Le tenía tomada la medida a la distancia y casi siempre aprovechaba el traslado para dar una cabezadita. Detrás de él un grupo de tres jóvenes hacían algo de algarabía no estridente. A esas horas eran todas la caras conocidas y había memorizado la parada de cada quien. De repente se agudiza el ronquido del motor y descubre que va subiendo la cuesta del cementerio. Aún falta mucho y el sueño le rinde. Se hace el silencio y, sin abrir los ojos, imagina a los tres jóvenes alejarse tras la estela del autobús. ¡Cuánta paz dejan en su retirada los seres molestos!

“¡Oiga, caballero, que vamos a encerrar!” “¡Maldita sea, me pasé!” Miguel estaba a las puertas de la cochera, a unos dos kilómetros de su casa. Había comenzado a helar y ni siquiera llevaba bufanda. Echó mano al bolsillo, pero no llevaba suficiente para tomar un taxi. Miguel no olvidaba que Carmen es muy celosa. Mientras regresaba a su casa iba tejiendo qué contarle a ella a la vuelta, cómo justificar la tardanza: sabía que ella le pediría explicaciones.

13 junio 2011

RECENA

A mi amigo de toda y para toda la vida, José Gorría.

Vivía en el piso 13. Era el ático. Sólo cuatro o cinco privilegiados teníamos el placer de habitar las estancias del último piso, donde el rumor del Cantábrico era melodía habitual en esa rectilínea y abierta playa de Zarauz. A veces silbaba el viento, pero traía los cánticos de los pescadores del Gran Sol; cánticos salobres de sudor, de esfuerzo, de sal marina adobada con faenas extenuantes. La mayor parte de las veces era placidez silente con un murmullo a agua que se agitaba en el rompiente con ecos de espuma blanca. En aquel piso 13 y con tan pocos años, era fácil y placentero dormir y hasta soñar.

Una y media de la madrugada; dormía como un tronco fundido entre las sábanas. De repente, un cosquilleo en la nariz y el inconsciente manotazo para retirar al posible insecto. Era insistente, una y otra vez, y también la agitación de mis manos queriendo retirar de mi cara aquel intruso tan poco habitual. Olía a mar. Olía intensamente a mar como en días de resaca, mar de fondo o de augurios insospechados. Cuando abrí los ojos, eran José Gorría y Rufino, el jefe de cocina; éste último sujetaba por la cola una hermosa lubina con cuyo hocico  me había estado dando en las narices hasta despertarme. “¡Nos la vamos a zampar ahora mismo!”.


Rufino era fortachón como quien da cumplidamente el genotipo de su estirpe vasco-navarra. De inmediato nos puso a pelar ajos, mientras él manejaba el cuchillo sacando los lomos con la habilidad que suelen hacerlo los maestros de cocina. “¡Entra a la cámara y tráeme una botella de txakolí; no, mejor dos!” A los pocos minutos nos habíamos acomodado los tres en la propia cocina del Euromar y dábamos cuenta de una lubina al txakolí, recién pescada, que trajo el verdadero cántico de los esforzados hombres de la mar, y que hablaba de aventuras, de sueños, de frustraciones, de aparejos de pesca, de vientos, de borrascas…  Al abrigo de aquel sótano silencioso, pasadas las dos de la madrugada, dimos cuenta en un plis-plas de aquel manjar exquisito, nos pimplamos la otra botella con que no había regado el guiso, salseamos con abundante pan, y nos regresamos al piso 13 para reanudar el sueño interrumpido, no precisamente con una pesadilla.

12 junio 2011

SOMBRA

Es una prolongación de mí. Un tanto desvaída, sí, como si no le llegara la sangre al cuerpo o tuviera pesadumbres de plomo que le incapacitara, lo que conlleva esa pesadez como de arrastrarse continuamente por los suelos o subirse por las paredes, una gravidez inútil. Me sigue a todos lados como alma en pena; a veces se escora por la derecha, otras se estira hasta descoyuntarse por la izquierda en un escorzo poco menos que imposible; se empequeñece, se agiganta; en ocasiones se esconde bajo mis pies, pero sólo cuando la verticalidad lumínica la hiere en la médula.


He dicho antes inútil, pero es posible que haya sido injusto con ella. En ese seguimiento que nunca llega a ser acoso, a pesar de su pertinaz insistencia, me permite no estar nunca solo. Cuando camino acompañado, sin alejarse nunca de mis pies, lo hace en silencio sin interrumpir ni mediar, ni siquiera hacerse perceptible; en cambio, cuando estoy solo es la réplica callada que me ofrece su diálogo nunca vociferante ni crispado. Imita cada uno de mis gestos, si bien con cierta parsimonia, y más que contradecirme me hace entrar en discusión conmigo mismo, posibilitando que aprecie los perfiles que sin su ayuda no me molestaría en distinguir o me pasarían desapercibidos.

Le basta un poco de luz para hacerse presente. Únicamente se ausenta cuando más la necesito, cuando estoy totalmente a oscuras y la soledad se agiganta como aspas amenazantes del molino que intimida con sus brazos gigantes. En la oscuridad, esa proyección gaseosa de la que vengo hablando, gris, apagada, apaisada o vertical, grave y pesada, siempre alerta, a la par que dúctil con el suelo y sus accidentes, simplemente no está, se ha esfumado. Entonces siento la orfandad de mi mismo, el envés vacío de mi ser y mi existir, en el preciso momento que más la necesito. 

11 junio 2011

CIFRAS Y LETRAS

Cifras y letras hablan por sí solas, como con vida propia; mientras nuestras conciencias callan como muertas:

·         El 40 % de la juventud española no tiene trabajo, ni posibilidades de hacerse con su propia vivienda, ni siquiera con las riendas de sus vidas.

·    La eliminación del fraude fiscal en el Estado español permitiría dar 20.000 euros a cada uno de los 5 millones de parados.

·         300 multinacionales gobiernan a todos los gobiernos de la tierra.

·         Unas pocas empresas controlan y manipulan a todos los medios de comunicación y hacen que la libertad de expresión, e incluso de la opinión, sea mera pantomima al servicio de sus intereses.

·         Los países ricos imponen los precios y aranceles que les interesan a ellos.

·         El dinero sirve ante todo para ganar más dinero.

·     Están aplicando como remedio para la crisis las mismas medidas que la han provocado: la espiral terminará por asfixiarnos.

·         Sólo en África, mueren 2 niños por minuto a causa de la malaria.

·         Mueren 10 niños por minuto en el mundo por beber agua contaminada.

·         Mueren en el mundo 21 niños por minuto por falta de medicinas y sobre nuestras conciencias.

·        Un 10% de los niños de los países en desarrollo mueren antes de cumplir cinco años.

·         El 40% de la humanidad sobrevive con menos de 2 dólares por día.

·        Los países ricos destinan a la ayuda del desarrollo menos dinero que en los años 90.

·    Lo que hemos dado a los bancos en crisis bastaría para resolver el hambre en el mundo durante los próximos 50 años.


Las letras hablan; las cifras cantan: quedáis invitados a un fin de semana reflexivo.

10 junio 2011

ROMANCE DE LA NACENCIA

A Elena, que preguntaba hace unos días por mis orígenes

Parióme mi madre al fin
-tras nueve meses de espera-
una oscura madrugada
de abril, justo la novena.

El año cuarenta y seis,
-del siglo de la veintena-
dos años tras la nacencia
de Isabel, la primogénita.

Fui segunda descendencia,
ya que mi hermana, primera
en la genealogía,
Juan sería la tercera.

En la calle de la Fuente,
asistida por partera;
en la lumbre agua hirviente
y en la cama empapaderas.

La luna estaba en menguante
-menos de un cuarto tenía-
y no la quiso alumbrar,
pues nada extra nacía.


Mi abuelo Paco me dio
-orgullo que él sentía-
en la pila bautismal
su nombre sin hidalguía.

Gente corriente soy al fin
de hacienda y de abolengo:
ninguna grandeza existe
ni en descendencia ni ancestros.

De Ojén mi padre y mi madre,
de Ojén abuelos y abuelas,
de Ojén la media copita
y en Ojén fue mi nacencia.


¡Ah! ¿Qué debiera explicarte
dónde mi pueblo se encuentra?
¿Te suena la Sierra Blanca?
¿Te suena acaso Marbella?

Al pie de la Sierra Blanca,
a dos leguas de Marbella,
donde se baña la luna
desnuda como naciera.

En esa rural infancia
se desarrollo mi escuela,
y en la escuela de la calle
los juegos y las destrezas.

Corriendo tras el trabajo,
con constancia y sin pereza,
me recorrí media España
y más si preciso fuera.

¿Te has dado por enterada,
mi querida amiga Elena?
Ojeneto es mi origen
y el final el que Dios quiera.

No soy de aquí ni soy de allá,
se fue la edad y el porvenir;
ya sólo aguardo ser feliz
estando allá o estando aquí.