Te sopesé en mis brazos
y mensuré las dimensiones
de todo lo habitado,
y también de lo inhóspito
y de lo que se supone
al otro lado de la ceguera espacial.
En la pequeñez de mis manos
la globalización de cuanto existe:
la longitud, la redondez, la densidad,
la envergadura, lo íntimo y recóndito,
lo que se vislumbraba
más allá de la tangente
y de su órbita oscura y oculta.
Cuando te sostuve,
tomé conciencia de lo absoluto,
desde mi radical ensimismamiento.
"El mundo en sus brazos" Un abrazo Francisco!
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