La brisa del mar es melancolía,
es caricia mimosa cuando uno se aleja,
recuerdo imperecedero
que desgarra los basamentos del alma,
sed impetuosa de regreso
como coda irreconocible que se empestilla
y se obstina sin solución.
Regresar, volver al lecho de tus brazos,
ensimismarse en tu contemplación
y permitir que sueñen los recuerdos
cuando no estás al alcance.
¡Oh Anfitrite, diosa de los mares!
Nadar en tu ensenada amorosa,
desentenderse de uno mismo
y dejarse llevar por el balanceo
de tu hechizo y perfume inequívoco.
Fragancia, deleite, amor, amura,
torso virginal y delicioso,
y al final de cada jornada,
-tanto cerca como lejos-
de nuevo a la mar,
a los remamos de tus brazos.
El mar tiene eso de hacernos soñar y hasta sentir añoranzas de lo que fue, un abrazo Francisco!
ResponderEliminarLo reconozco, soy un enamorado del mar.
EliminarUn abrazo.
La brisa siempre nos trae recuerdos suaves de otros veranos.
ResponderEliminarUn abrazo.
Cayetano, me enamoré del mar a esta distancia, pero no lo conocí antes de los 10 años. Era un amor platónico
EliminarUn abrazo.
Todo un homenaje a la grandeza del mar, que nos acuna, nos enseña, nos impulsa y nos inspira, como en este caso tu poema...El mar es símbolo y reflejo de su Creador, padre eterno...y de su diosa Anfitrite...Muy bello, amigo poeta.
ResponderEliminarMi abrazo entrañable y disfruta del verano, lo mereces.
Gracias por tu análisis pormenorizado, siempre tan cordial y generoso conmigo.
EliminarUn abrazo entrañable.