Abro la ventana, dejo que entre
y se ensabane en tu cuerpo;
la luz del amanecer, envolviéndote,
para que tu despertar no sea bronco,
para que te rocen los haces irisados
y endulce tus primeros bostezos.
Vuélvete, encuéntrate conmigo,
antes de que pueda deslumbrarte
la luz del nuevo amanecer;
pero no dejes de arrebatarte
y arroparte mimosamente en mi cuerpo.
Se acerca el instante,
lo intuyo y ya me relamo.
Estás a punto de finiquitar el sueño,
y con él la noche,
para decirme todo lo absoluto
en la mueca de tu primera sonrisa.

Un precioso Buenos días para la amada...Tus letras bellas, sentimentales y llenas de vida, amigo poeta...Feliz domingo, amigo.
ResponderEliminarNuestra María Cristina nos falta a todos, espero que no esté enferma...
Mi abrazo entrañable para ti y para ella.
Muchas gracias, María Jesús. Es cierto, se le echa de menos a María Jesús. Su mucho afecto se hace imprescindible.
EliminarUn abrazo entrañable.
Amanecer y amar, casi casi sinónimos.
ResponderEliminarUn abrazo.
Y la luz se hizo, Cayetano.
EliminarUn abrazo.