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17 abril 2026

LA ESPERA

 



¡Qué dilatada es la espera!

¡Cuánta rémora en la parsimonia de la recua!

El tiempo es volátil, pero las horas eternas,

de una infinitud angustiosa y empachosa

que sube hasta el paladar y se atraganta

como si masticaras terca y retorcida tuera.


Llega el otoño languideciendo los días,

despoblando la arboleda y vistiendo

de pardas tonalidades lo volátil y premioso.

Se atrofian los relojes y hasta es posible

que pasen más de dos veces por los mismos dígitos.


Todo es premiso, lánguido e infecundo,

estéril el invierno, falsa la fecundidad primaveral

y un reseco anonadamiento el verano

amenazante con ser frugal como la siesta.


Llegué a tu puerta en plena vigilia,

cuando no apuntaba el alba,

y hasta el reloj se ha marchitado en la espera

y el teléfono ha perdido la carga y la memoria.

Tengo en un cuaderno anotados los encuentros

y en media docena de álbumes los actos fallidos.


He perdido la noción del tiempo, a base

de un continuo desaprovechamiento:

vivo en espera, respiro en espera,

transito en espera, y de esperar y esperando,

desespero con desesperanza tu encuentro.


Dos minutos ya, una eternidad volátil que se esfuma.

3 comentarios:

  1. La espera que desespera! Minutos que parecen horas, horas que se hacen días, y llega el desaliento y el consuelo de un poema, Francisco, un abrazo!

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    Respuestas
    1. En este mundo mediático, de tantas opiniones cruzadas, ser escuchado por ti, es para mí un privilegio, querida María Cristina.
      Un abrazo.

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  2. Cuando los minutos de espera son como una losa que pesa una eternidad.
    Un abrazo.

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