La luna ha perdido un jirón de sí misma,
ha dejado de estar oronda en los últimos días,
posiblemente algún rozamiento excesivo
o un secreto amor no correspondido
y sus posibles achares inconciliables
en forma de acicalados desgarros.
Una siniestra sombra invade su ánima
o una erosión o desgajo impropio,
que no tuvieron en cuenta
cuando se aleló en éxtasis de amor.
De aquellos oros licuados que se desperdigaban,
dejando testimonios de desvaríos,
este alocado allegamiento impropio,
despeinada y con los mechones al viento,
como improvisado y aderezado desaliño.
Es cierto que pasa desperdigando amores,
pero también lo es que se desgasta
y se desvela en sus destellos,
mediante descuidadas ráfagas desatadas
y hasta las hace transparente y frágil.

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