Me pasé años
mirándote hacia abajo,
buscando entre lo minúsculo
como aquello perdido y encontrado,
el regalo que fascina y colma;
e imitaba tu sonrisa
buscando la consanguinidad con la mía,
y de paso certificar tu identidad.
Ya hace algún tiempo
que te miro de frente
o hacia arriba,
mientras te desarrollas
y yo menguo en progresión geométrica.
No dejes de caminar:
tu camino es tuyo,
solo tuyo,
como mío fue
el que me fui labrando con mi esfuerzo.
¡No te pares!
No dejes nunca de caminar
y de fortalecerte,
de doblar la esquina y abrirte paso,
pues nadie dará por ti
las zancadas que te separan
de la vida plena en todo momento.

¿Otra vez cumples años? Esto es un no parar.
ResponderEliminarBromas aparte, me imagino que te refieres... ¿a un nieto?