Salgo deslizándome de tu costado
cuando aún no te has colmado
y me dispongo a esperar el nuevo día
con suma impaciencia.
Andaré en tinieblas, por no alterar
el ritmo del alba en la que te acunas,
en tanto aguardo con cierta tolerancia
inaugurar contigo la mañana
y hacer festivo lo cotidiano a base de empeño.
Tú vendrás a mí cabalgando una ilusión,
sobredimensionada como en un bostezo,
en ese instante mismo que bate la ola
sobre la que te deslizas a mis espaldas.
El silencio se hace alboroto, atemperado
y cálido, cordial y muy esperado.
Y con él la promesa de un nuevo día,
un planteamiento abierto a la intemperie
en la que nos desenvolvemos,
con las variables de una improvisada melodía.
Un día más, la monotonía de lo cotidiano.
Tú también madrugas.
ResponderEliminarBuen día.