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09 octubre 2017

MONTADO EN UN ROCÍN





Iba yo montado en un joven rocín
a quien triplicaba la edad
y él a mí los deseos de aventuras.
Lo monté a pelo,
imitando a los indios de las películas,
prueba satisfactoria,
aunque me sentía más próximo a Sancho
que a piel roja.
Mis piernas arqueadas modelando la panza,
ambas manos aferradas a la crin
cuando el animal inició un trote
el equilibrio se hizo milagroso
y la caída una amenaza cierta.
No me tiró al suelo. Pareciera que se divertía
cuando fue acelerando la marcha
hasta lograr que mis posaderas
no tocaran su lomo.
De repente, como niño que ha hecho una gracia,
paró en seco y me pareció iniciar
un vuelo que despegaba por sus orejas.
Debo mucho a Juan Ramón, entre otras cosas,
pensar que todo burrito
es de algodón y tiene ojos de vivo azabache.

07 octubre 2017

ENVEJECIMOS JUNTOS



Hojas que caen,
como perlas esparcidas.
MARÍA SÁNCHEZ ROMÁN
“Hojas caídas”


Envejecimos juntos, caminando
desde los remoto por los intrincados,
los desfiladeros y los valles.
Ella es el cliché de aquel ayer
en el que clavé mis ojos
en sus labios rotundos y carnosos
con ambición de poseerlos.
Me atrapó su miel como mosca
que se apresura sobre el panal
e hice de esa cárcel lasciva
el horneado del pan de cada día.
A lo placentero le siguió lo amargo
y lo endulzamos con el azúcar de la constancia;
llevó lo adverso, pero nunca
anocheció cubierto por la duda
porque nos habíamos ejercitado
en despejar incógnitas.
Envejecimos juntos y juntos afrontamos
este tiempo gozoso de ensayar
la apoteosis final de la unicidad.

06 octubre 2017

SÓLO LOS ÁRBOLES DEL BOSQUE





Sólo los árboles del bosque
llevan control del cambio de estaciones;
en la ciudad hace calor
y el alcantarillado eructa a huevos podridos
por falta de lluvia. Este rezagado verano
que se adentra por los fiordos de octubre
como estraperlista descarado,
está agotando los recursos hídricos
ante el bostezo del comercio
que ya usó todos los ardides
para vender los restos del estío
a sabiendas de que
sólo se venden paraguas cuando llueve.

En el parque, tapizado de ocres,
amarillos ojerosos y verdes en fuga,
sueñan las fuentes con hilos de plata
y los jardineros recogen las cuotas establecidas
sin excederse en el esfuerzo;
algunos estornudos, pero persisten los escotes
y shorts
que desnudaron el verano, ahora otoñizo.

05 octubre 2017

EN LA VIDRIERA DE AQUEL ESCAPARATE





En la vidriera de aquel escaparate,
donde tus ojos y los míos
se encontraron
con la misma fugacidad del relámpago
y el silencio estruendoso
de nuestros párpados desorbitados
diciendo todo, sin decir nada,
tomando certeza
de nuestra irrefrenable atracción.

Desde entonces, duermo sin despertar,
maniatado en los vuelos de tu falda,
en el abanicar de tus pestañas
con cadencia rítmica; muy despacio,
remansada y remecida,
como la vidriera que nos mostró el uno al otro.

He tejido para ti un collar de caricias,
un jalonamiento de requiebros que te desbordan
y trato de anillar a tu cuello.

En la vidriera de aquel encuentro,
el luminoso destello fugaz
que quiere hacerse eterno.

04 octubre 2017

Y DE NUEVO GUSTO A SANGRE





Y de nuevo gusto a sangre
en el paladar, y en la lengua
epítetos como venablos
con los que zaherir y descalificar,
una zanja común donde enterrar al otro,
al enemigo irreconciliable
que osa pensar distinto.

Se acabarán marchando
                        ─tal vez─
pero no saben que ahora alimentan
a una fiera insaciable
que, a falta de otras vísceras,
terminarán por devorar a sus hijos
como Saturno.

Cuando se educa a la prole
en la desobediencia a las leyes
y se desmorona el principio de autoridad,
¿Quién podrá restablecer el juego?
¿Dónde quedó pulverizado el acatamiento?
¿Cuándo volverán las aguas a su cauce?

03 octubre 2017

LA DERIVADA DE UN GRITO



A Chelo de la Torre


La derivada de un grito
es el eco ─secundario─ que se estrella
en la ladera opuesta del valle,
donde rebota y se amplifica
distorsionando como una cacofonía
y se multiplica impúdica,
sin rubor a oídos ajenos.

La derivada de un grito
─función diferenciable─
enrevesada como caracol laberíntico
que antecede al yunque
antes de que golpee el martillo. 

01 octubre 2017

LA ALAMEDA SE HA CUBIERTO DE PASOS



A Julia López Pomposo


La Alameda se ha cubierto de pasos y también de hojas para alfombrar el suelo que tú pises. Es un bullir de vidas agitadas que no se adormecen ni de madrugada. Los plátanos dan ahora sombras amarillas, entre pajizo y ocre ojeroso y, como si obedecieran cada una a su propio reloj, caen musitando cabriolas para alfombrar el suelo y mullir el paso de los enamorados silenciosos y de los borrachos vociferantes. Amanece más tarde y anochece poco después de la media tarde, cuando todavía los bostezos no han sido abotonados ni reprimidos. Los bancos están deshabitados y los veladores incitando al consumo y luciendo una media sonrisa pícara y provocadora. Esta es la hora intensa de la caída masiva de hojas, el momento de la brisa que aconseja cerrar el primer botón de la camisa y limpiar de nuevo las gafas. Busco por entre las cabezas y las sombras tu pálida sonrisa, con la que reconfortar esta desnudez de no encontrarte. Si has huido, echa migas de pan a las que me conduzcan el hambre de este encuentro fallido que me atormenta. Se ha cerrado la noche y sólo veo llorar a las escasas estrellas que hacen causa común conmigo y se han asomado a la escena. Se masca la tragedia sin que yo pueda reducir la distancia que nos separa. No te he dicho que traigo estuchado el perdón con el que reconciliarnos, pero a estas alturas sólo encuentro desaliento con el que empaquetar la búsqueda entre el anonimato de este gentío bullicioso que nada me dice.