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07 octubre 2010

PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD

Aunque es nuestra lengua la que pone nombre al descanso de la sobremesa, no se trata de una exclusividad entre españoles, ya que también en Latinoamérica hacen siesta, al igual que en China, Taiwán, Filipinas, India, Grecia, Oriente Medio y África del Norte. La siesta debe su nombre a la latina hora sexta: tiempo que va desde el medio día a las tres de la tarde, y obedece a un impulso biológico que tiene que ver con la somnolencia tras el almuerzo, como consecuencia del mayor aporte de flujo sanguíneo al aparato digestivo y también a los rigores climáticos.



Contaba Camilo José Cela que él era de los de siesta con pijama, Padrenuestro y orinal, pero lo que verdaderamente se entiendo por siesta es una pausa de unos veinte minutos, no necesariamente en la cama; un pequeño impulso energético antes de reemprender la actividad laboral, aunque no todos puedan hacerla y aunque no a todos apetezca.

Si trazáramos en el mapa las líneas delimitadoras de los países donde esta práctica es más generalizada, veremos que todos ellos están sometidos a la severidad de las altas temperaturas, cosa que debemos tener muy en cuenta. En el sur de España, donde viven afincados de manera estable muchos nórdicos jubilados, personas que antes jamás se echaban la siesta, han descubierto el placer de recuperar las energías tras la comida y la practican como posesos. En cualquier caso, todo lo antedicho no es más que una excusa para presentar la pintura de este jovencísimo maestro del hiperrealismo a quien admiro: Rubén Belloso: un sevillano que muy pronto será patrimonio de la humanidad.

06 octubre 2010

LA GENERACIÓN NINI

Sin necesidad de barajar estadísticas, grosso modo, todos sabemos los muchos fracasos que se dan en nuestro sistema educativo. Esto hace que se concite entre nuestra clase política la necesidad imperiosa de un cambio del sistema, aunque no es motor suficiente como para general un acuerdo; y es que, si bien este sea tema aparte, la política, al parecer,  consiste en sacar a la luz los defectos del otro y no en estudiar conjuntamente, diagnosticar y prescribir el tratamiento más adecuado.


En mi lejana juventud, era frecuente y a veces peyorativa la pregunta: ¿estudias o trabajas? Entonces eran pocos los que estudiaban, pero también eran muy escasos los que deambulaban las calles sin ocupación alguna. La escuela era permitida hasta la pubertad, pero no era obligatorio estar en ella hasta una cierta edad: un número muy importante de los chicos de entonces entraban como aprendices de los más diversos oficios cuando aún tenían 12 ó 13 años. La sociedad actual se ha vuelto afortunadamente más protectora e impide el trabajo infantil, si bien mantiene a un buen número de jóvenes ocupando un pupitre que no aprovechan y que dificultan el aprovechamiento de sus compañeros. Hablo de la generación nini: ni estudia, ni trabaja.

Entre los 14 y los 18 años, por mucho empeño que le pongan sus padres, por mucho esfuerzo que hagan los educadores, quien no quiere no aprende, sino que se dedica a distorsionar, a entorpecer, a boicotear, a incordiar, a molestar…   no hay nada que hacer; todo ello sin que ni ellos ni el resto de la sociedad nos demos cuenta que estamos arruinando sus vidas hacia la nada. Antes existía la posibilidad de ilusionar a estos jóvenes rebeldes al estudio con el aprendizaje de un oficio; entraban de aprendiz en un taller, en una barbería, en una carpintería…  ¡Cuántos de los jubilados de hoy día han sido grandes profesionales con esos comienzos!

No añoro tiempos pasados, claro que no, pero suspiro por un eficaz y duradero acuerdo entre las fuerzas políticas para que la educación no baile al son de las urnas, y con la urgencia de que esta generación nini no sea una generación perdida para siempre.

05 octubre 2010

LAS RIQUEZAS Y LA SABIDURÍA

Se cuenta que, en cierta ocasión, Sócrates paseaba por el mercado principal de la ciudad de Atenas y, al verlo, uno de sus discípulos le preguntó:
—Maestro, hemos aprendido contigo que todo sabio lleva una vida simple y austera. Pero tú no tienes ni siquiera un par de zapatos.
—Correcto  -respondió Sócrates-. El discípulo continuó:
—Sin embargo, todos los días te vemos en el mercado principal, admirando las mercancías. ¿Podríamos juntar algún dinero para que puedas comprarte algo?
— ¡Ah no!, tengo todo lo que deseo -dijo Sócrates- pero me encanta ir al mercado para ver que sigo siendo completamente feliz sin todo ese amontonamiento de cosas. No es más feliz el que tiene muchas cosas, sino el que no necesita de ellas.


Cuatro siglos más tarde, Jesucristo le señaló al joven rico aquello que le faltaba para alcanzar la vida eterna: “Una cosa te falta: anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme”.

Y yo empeñado en hacer malabares con la pensión y elucubrando y embargando el deseo y la voluntad muy por encima de mis posibilidades.

04 octubre 2010

LA PINTORA

Un atril, un lienzo, unos pinceles, los colores básicos dispuestos en semicírculo sobre la paleta…     


Sobre la tela se van desgranando manchas de color que sugieren formas, deformidades que quieren conformar evocaciones al espíritu, que hablan de estados de ánimos y sugieren mundos, a veces universos. Nuevas mezclas. La paleta es un dispensador de tonalidades que plasma formas caprichosas y toman vida, vida que se hace mayúscula. Nuevas aplicaciones y nuevas insinuaciones: formas que se deforman y otras que toman relevancia. Entorna los ojos para ver sin la luz que irradia de su mirada; lo capta, rectifica, una nueva pincelada. Se levanta, se distancia, asevera y difumina una sombra que se mostraba irreverente. Aún falta mucho para la firma, pero se gira y me muestra su sonrisa como sello de identidad; se vuelve y sigue creando.

03 octubre 2010

EL CAMINO

El camino, que a la ida era tenebroso porque la luz del sol aún daba bostezos, se convirtió en fecundos valles orlados de frondosa y exuberante vegetación, que hacía alabanza a la generosa naturaleza, cuando el día logró rasgar el velo de la noche y la luz inundó de esplendor mis pasos.

Los miedos cedieron su lugar a la seguridad, las dudas a las certezas, la sospecha a la confianza, la vacilación a la certidumbre…    y es que la luz todo lo transforma.

02 octubre 2010

NO HE VENIDO A LLORARTE

El sueño de Jacob - José de Ribera

No he venido a llorarte. ¡Oh amada!
Tampoco a urgir nuestro encuentro,
en el que nos abrazaremos hasta confundirnos.
Sé que guardas para mí un pasaje, sólo de ida,
hacia el azul perenne de otros confines,
donde sólo a solas cabalgaré la ola
que se deshace en las arenas de lo eterno;
donde el fragor se transforma en dulce néctar
de acontecer sin fin y de remansamiento.
En las aguas del naufragio último,
-temido y esperado encuentro-
lavarás mis heridas y les pondrás bálsamo,
el misterioso ungüento en el que sueño.
No he venido a llorarte. ¡Oh amada!
Tampoco a incentivar nuestro beso
en el que habrás de deglutirme sine die:
mi cuerpo efímero, en tu sempiterno cuerpo.

01 octubre 2010

NAUTILUS

Salió con la brisa de la aurora y el día sólo prometía esfuerzos en la bonanza y augurios de una gran pesquera. Mucha mar, mucha brega y de nuevo a calar las redes en espera de mayor fortuna. Próximo a la caída del sol, cuando estaba siendo hora de dar de mano, cuando el cansancio es el sumando que más pesa en la báscula y las escamas son la plata que más reluce en la borda a la luz tenue de la tarde, saltó el levante. Tuvo que orzar a estribor para no encallar en los atolones hacia los que se enfilaba, poniendo en ello todo el ahínco y todas las fuerzas que le quedaban, arrastrado por la furia y la urgencia extrema. Se hinchó la vela en cuanto ésta tomó el viento desde barlovento; pasaba barriendo de popa a proa y como una leva irresistible, la barca surcaba olas de sobresalto entre chasquidos de estacha, viento y agua que amenazaban con desencuadernar la embarcación. A lo lejos, entre dos luces, avistó las balizas que anunciaban la bocana y siguió orzando a estribor con mayor empeño y cierta esperanza de arribo.

Al amparo del puerto, el viento era una música chirriante que afinaba el sórdido instrumento sobre los palos de las embarcaciones y las pilas de cajas de madera amontonadas en la dársena; la luna, allá arriba, con su refulgir tenue, y las estrellas cubriendo la bóveda oscura con las rogativas de los náufragos de todos los temporales; en la lonja, como siempre que había mala mar, ella. Él seguía férreamente asido al timón, calado hasta los huesos, después de que éste hubiera sido casi ingobernable. Por fin sendos cabos, a pro y popa, afianzaron la barca al muelle y se produjo el encuentro sellado con lágrimas de alegría.