Tu piel, mi frontera,
el vallado y la acotación
que pone límites entre ambos,
ese tacto imaginado y electrizante
entre tu ámbito y el mío.
Aunque no seas consciente,
mi pálpito es agrimensor de tu piel,
en el silencio inoperante de la inacción,
pero paladea la sensación electrizante
de surcar tu espalda,
escalando desde las caderas.
Sin prisas, sin la violencia de la pasión,
tan solo con el regusto
de navegar por tus poros,
dejando en cada uno de ellos
el polen de esta delectación
que me sublima.
Durante la avanzadilla, sueño,
y en el poso de tanta subjetividad,
barajo la manera de escalar hasta tu boca
y abrevar en tus labios el néctar de tu ser
y aderezarlos con los azúcares de los míos;
a condición de tu deleite,
salvo que no consientas
y quedaría aguardando por siempre tu licencia.
Tu piel, mi frontera,
la tierra donde me quiero nacionalizar.

La Ítaca añorada que cada uno tenemos.
ResponderEliminarUn abrazo.
Precioso!
ResponderEliminar