Febrero pone matices luminosos
que ensanchan los atardeceres,
y dilatan paulatinamente los días
con tonalidades esperanzadoras.
Los caminos cantan verdes estribillos
como agradecimiento a la lluvia,
y se atisban nuevos y generosos brotes
que ponen en marcha el reloj
de la generosa naturaleza.
Pasamos de la escasez soberana
a la peligrosa sobreabundancia,
como se apaga la representación
tras el prolongado aplauso final.
De lo ínfimo a lo grandioso
tan solo una llave de paso
-abierta o cerrada-
que nos transporta entre la grandeza
y la paupérrima escasez:
del pan para todos, a las listas del paro.
Así también los índices laborales,
oscilantes entre la ufana sustentación
y la carencia de pan más absoluta.
En la naturaleza, los brillos radiantes
o la oscuridad que eclipsa el futuro.
Del riesgo de aludes a la frondosidad.

A ver si pasa el temporal y podemos disfrutar un poquito de esta naturaleza que nos propones, llena de luz, de alegría, de frondosidad... en fin: de serenidad.
ResponderEliminarUn abrazo, Paco.
"Siempre que llueve, escampa". Pero no será así para todos: algunas familias han perdido su vivienda o son en adelante inseguras. Pasará las tormentas, pero no para todos.
EliminarUn abrazo.
Ya sea la Naturaleza o la Política Social, que cada uno encuentre el bendito término medio, un poema realista, Francisco, un abrazo!
ResponderEliminarMuchísimas gracias, María Cristina, por tu visión. No suelo hacer rechazo a nadie, pero si he de apostar, prefiero hacerlo por los más débiles, para que todos tengan oportunidades.
EliminarUn abrazo.