La roca, seguramente sueña
en sus pétreas entrañas
el latido que le empuja a imaginar,
a soñar esa vida escondida
cuyo pálpito conoce,
pero le sobran muchas esquirlas
antes de vislumbrar la figura concreta
por la que será desplazada y conocida.
En ese anonimato pétreo,
la luz mortecina en lo recóndito,
el alma aún no exenta
que oculta sus formas en la espera.
En la cantera, una veta exquisita;
en el cargadero, anonimato durmiente,
materia amorfa antes del devastado;
en el taller, luz que se anuncia
y se vislumbra tras cada golpe,
hasta quedar integralmente exenta.
