Viejas callejas
—ahora remozadas—
en las que resucitan
los largos pasos pretéritos
y frescura imposible
grabada a fuego
en la fragua de los días.
Todo está en su lugar,
pero casi todos partieron;
todo sigue vivo,
pero en otra existencia
de menor intimidad
y mayor boato:
Alameda de mis paseos,
Avenida de mis juegos y estudios...
¿Qué fue de la Jaula?
¿Qué del cine Rodeo
o la imprenta Rivera´
o el Comercial, o el Sport,
o de Berrocal o de Otal
o de Cintrano, Caracuel, Escolástico?
Mata sigue vivo en su descendencia
y la Encarnación más majestuosa,
y más espléndida,
y más mayestática,
y no tan señero su campanario
desde el oteo
de cualquier distancia,
hoy empequeñecido:
el cemento es opaco,
pero veo, con los ojos íntimos,
lo que abocetan mis recuerdos:
Marbella ayer, hoy, siempre.






