En fila de a uno,
de a dos,
o de a tres,
o de a más.
Una hilera de chopos
cubriendo carrera,
hojas temblorosas,
nerviosas,
inquietas,
perfilan el río
con su envés blanquecino
y su guiño verde.
La brisa hace acordes
entre sus ramas,
y las hojas coquetas
se miran y retocan
en el espejo del agua.
Un juego de armonías,
de notas sueltas
y silbos entonados,
un cruce de miradas
en la memoria
que jamás se desgasta.
Agua que brinca,
agua que canta,
agua que salta,
y los chopos la escolta,
por siempre alertas,
animosas miradas,
verdiblanca sonrisas
siempre en guardia.

Precioso paisaje te ha inspirado, Francisco, un abrazo!
ResponderEliminarAsí vive en mis recuerdos, María Cristina.
EliminarUn abrazo.
Qué bueno es profundizar en la naturaleza y sentir los chopos y el agua unidos, viviendo ese instante eterno,, lleno de paz y serenidad...Una preciosura, amigo poeta.
ResponderEliminarMi abrazo, Francisco