De donde nada hay,
nada se puede sacar.
De qué sirve tu empeño
si el vacío es una oquedad incorpórea,
una cuerda sorda, sin badajo ni campana,
sin musicalidad ni ritmo,
cual reflejo en el espejo
de un visto y no visto
que pasa sin presencia
y ni siquiera deshace las dudas.
Ni tampoco la escasez
se hermana en la tristeza de la nada.
El agua, en el cuenco de las manos,
antes de derrocharse por los nudillos
es semejanza incomparable,
pues del vacío nada aprovecha
y unas manos que se ahorman
pueden saciar la sed
cuando se aprestan a compartir.
De igual modo el pan,
si sale de la cesta, se parte y comparte.
El vacío es una insustancialidad
que nada aporta, sino espera insatisfecha.
Hay mentes que ni siquiera hilvanan
los pensamientos ajenos
y hasta los deshilachan sin provecho alguno.
De un conjunto vacío, aunque se siente
en el mismo hemiciclo, ¿qué se puede esperar
sino refugio huero que solo aspira para sí?

Así nos sentimos algunos días en que la realidad del mundo nos aplana, miremos cerquita nuestro y vivamos ese pequeño mundo con esperanzas, un abrazo Francisco!
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