Cuando te reconozco como mi padre
y siento sobre mí tu mirada de pastor,
se desvanece en mí la pesadumbre
de tan larga orfandad.
Me hago mayor. Cada día una nueva y tortuosa
dificultad que no palían los medicamentos;
pero se desvanecen las sombras
y veo con mayor precisión que nunca
que tú eres el camino, y la vedad, y la vida.
Estos días sentí un fuerte extravío
que me sacaron de mis casillas,
pero Mateo se me hizo el encontradizo
y se susurró al oído: “Venid a mí
todos los que estáis cansados y agobiados,
y yo os aliviaré”.
Cuando el dolor o el cansancio
me ponen dificultades para seguir la marcha,
primero remoloneo en mi auto complacencia,
pero de inmediato recuerdo que dijiste:
“Pónganse en camino;
yo los envío como corderos en medio de lobos”.
La impaciencia y la celeridad me identifican,
pero tú no te exasperas conmigo
y cada día me concedes nuevas oportunidades.

Los años nos traen una lentitud que no teníamos, algunos achaques que aparecen y nos dejan enojados, tener fe y encontrar la paz en el día a día es una bendición, Francisco, un abrazo!
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