El cisne, una ese de espuma flotante
que sobrenada las aguas del estanque,
y se desliza al ritmo lento de la brisa,
que mira altivo, sobrecoge y fija la vista,
como con éxtasis fuera de sí mismo.
En su armonía, un mucho de disciplina,
una partitura relevante con deje pianísimo,
compases austeros, acentuados y rigurosos,
métrica milimétrica, donde nada queda
fuera de los bordes o en los márgenes.
Hay otras aves, también peces que brujulean,
pero el cisne habita el reino de la soledad,
ensimismado en, ¡vaya usted a saber qué!
Elegante, exquisito. El guarda lo llama Odette
y levanta las alas en señal de reconocimiento.
No es un misterio, ni un esclavismo, es
la contemplación muda de un alma rota
que se desliza con la armonía y gestualidad
que solo alcanzan las sentimientos elevados
y se subyugan a los aconteceres del momento.

Símbolo de lo majestuoso, bello y elegante, modelo de inspiración para poetas como Rubén.
ResponderEliminarAbrazo.