Por el retrovisor de los días,
siempre fueron ardientes y lasos los veranos,
eran revestidos de un cierto informalismo
en su decorado, y con salida del calendario
por lo permisiva puerta trasera de lo vacacional.
Al suelo patrio llegaron las exuberancias
y hasta las tormentas de otras conductas,
más ligeras de ropa y lascivas, más permisivas;
pero potencialmente incandescentes
y también muy contagiosas en grado sumo.
Se asentaron las modas, se acortaron
o desaparecieron los dobladillos
y con ellos todas las dobleces de lo inane.
También se perdieron los pregones y arengas,
y ahora nos parece todo un nuevo despertar.
La mirada se perdía por el desfiladero
de lo expuesto y, a veces, se atormentaba
en lóbregas e inquietantes pesadillas,
pero volvía a buscar la lozanía de la luz
en la sonrisa tímida de unos labios no besados.

Las modas en la playa fueron variando mucho, menos ropa, menos imaginación, una pena, un abrazo Francisco!
ResponderEliminarYo asistí a esa oleada que vino de fuera y lo transformó todo en los años 60, María Cristina.
EliminarUn abrazo.