En la corriente del arroyo,
la canción de agua
sorteando las piedras,
y los desniveles,
precipitadas y violentas
o atrincheradas con mansedumbre
y algún timorato remolino queriendo volver.
Sobre el cañaveral,
por encima de la cota de verdor fiero,
una formación de penachos,
todos enhiestos,
en armonía militarizada.
Y en las orillas,
el bisbisear de los chopos
con guiños blanquiverdes,
que ahora se ocultan
y después se asoman
en juego de alternancia,
como quien se ejercita en el veo veo
y se queda abducido
por el pestañeo incesante
que provoca la brisa.
Como tú y yo,
un deambular del ayer al hoy,
de la impetuosa jovialidad
a la lasitud de estas energías
emborronadas por el uso
que se amansan y se aquietan.

Eso es música y no el reguetón ese.
ResponderEliminarUn abrazo.
Bella descripción. Gracias por contagiarnos de tu absorta contemplación de la vida.
ResponderEliminarLa Naturaleza como en nuestras vidas, un abrazo Francisco!
ResponderEliminarHas descrito el paisaje natural con gran atención a cada elemento...Las metáforas espléndidas y muy expresivas...Todo un lujo tu poema, acompañado por ese canto constante y divino del agua, amigo poeta.
ResponderEliminarMi felicitación y mi abrazo soleado de mayo.