Como una telaraña,
con esa viscosidad malsana
y esa mala intención extraña
de atrapar víctimas sin selección
sino con total indiscreción;
sin limitación en número,
sino a todo el que transita de paso,
sin importar la edad o el sexo,
tanto si pasa a pie o va volando.
Es la aciaga maraña
de los que juegan a la guerra,
y van usando todo tipo de garras:
guadaña asesina de la violencia.
¿Qué podemos encontrar
sino la malsana telaraña
de quien usa sus mañas
para acabar con las vidas ajenas,
tanto si son jóvenes como añejas?
Tuya son las armas,
pero no la tierra;
tuyo el exterminio,
pero no la razón,
ni tampoco las materias primas
de todos los rincones de la tierra…
Mío el corazón, que llora y que clama
por la PAZ mundial,
por la cordura, el diálogo y el orden,
por el fin universal de todas las telarañas.

Un mundo lleno de trampas y seres dañinos.
ResponderEliminarUn abrazo.
La avaricia por los bienes ajenos y el desprecio por el hombre nos envilece.
EliminarUn abrazo.
Vamos olvidando guerras viejas por las nuevas, pero todas se mantienen latentes y en actividad, cuánta violencia no tiene sentido, un abrazo Francisco!
ResponderEliminarEfectivamente, nuevos métodos, pero la agresividad no cesa; tampoco cambia la motivación que pone la guerra en marcha, solo las tecnologías.
EliminarUn abrazo.
El hombre cuando llega al poder se endiosa...pero es el demonio quien lo domina y lo arrastra al mal y a la destrucción...
ResponderEliminarAhí tenemos al papa con suma templanza condenando la guerra...
Esa maldita telaraña del egoísmo, la avaricia y la locura tiene que romperse, porque hay un gran clamor de todos, Francisco.
Mi abrazo por tus buenas y solidarias letras
Gracias infinitas a ti, María Jesús, porque respiras por el costado de los justos y no de los endiosados poderosos. Es importante tener las cosas claras, para cuando seamos examinados.
EliminarUn abrazo muy afectuoso.