No se retrasó el amanecer,
fui yo quien se adelantó al alba
envuelto en ese frío que ayuda a subir los trancos,
por entre las retamas
de ese bosque mediterráneo y singular.
Se aromaron mis resuellos
de aire virginal, con toques fragantes
de tomillo y romero que salían al paso
como incensando los caminos.
Bajo un castaño,
algunas estrellas ya macilentas,
del vegetal que se rinde a ser fertilizante,
marcando el tránsito
de una mudanza inevitable.
Bajo los pinos,
brisa acicular, música de silabeo
como banda sonora de una expedición
tantas vedes ensayada
y alcanzadas con éxito.
Hace tiempo que él ya no está,
pero sigue patente su impronta en cada tranco,
en los nombre de cada variedad arbórea,
en la notoriedad de cada collado,
en los verdes plantíos de helechos,
en los majuelos, en cada enebro,
en mi apellido,
en mi gusto por la naturaleza
y en todo mi ser.

¿Qué tal anda la Juanar?
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