Todo es efímero, volátil, etéreo
como la brisa o como las mareas.
Efímera las huellas sobre la arena mojada,
como las olas, a pesar de su energía,
pues se volatilizan en espuma
que dura lo que un globo en manos infantiles,
o la pausa entre esta ola y la siguiente.
Efímera la hierba, esa que traza los caminos
y en breve será pasto o reposadero,
o sequedal que transita por el amarillo
hasta convertirse en nutriente del suelo.
Efímera la flor, que alardea de belleza
y suplanta con donosura la fugacidad,
mientras oculta su rostro ajado y decaído.
Efímera la fragancia, el requiebro, el galanteo
que suplanta lo que germina en los adentros
y trata de ser flor, dulce caricia de un día,
que envuelve en los vuelos del engaño.
Efímera la vida del hombre sobre la tierra,
todo ha de pasar como un leve resuello,
aquí quedarán nuestras victorias y sueños,
pero también nuestras derrotas y quebrantos:
una estela propicia para el álbum del olvido.

Todo es efímero, incluso el puñetero temporal, que a ver si se va.
ResponderEliminarSaludos.